El hombre arrincona al q’amaqi de manera sistemática. Los campesinos lo cazan, otros lo matan porque trae mala suerte. Pocos saben que es un controlador de plagas de roedores.
Texto: Jorge Quispe • Fotos: Miguel Carrasco / Omar Rocha / Josef Rechberger Broggini / Archivo
Al abrigo de la noche deja las cuatro patas y se transforma en ser humano. Le llaman q’amaqi, tiwula, lari y antuco. Se hace invisible, su mirada paraliza a la presa y hasta puede hipnotizar para robar una oveja o una gallina. Sin embargo, ninguno de esos mágicos poderes que se le atribuyen le sirven ahora, porque el zorro andino sufre la destrucción de su hábitat y es víctima de la caza.
En Argentina y Chile el exterminio del Lycalopex culpaeus es sistemático debido a que su piel es utilizada comercialmente. En Bolivia se lo mata por considerarlo una plaga y también porque los campesinos lo usan para ceremonias. Otros emplean su cuero para disecarlo y danzar, como los k’usillos en las festividades andinas.
Tiwula sufre la constante presión y devastación de su hábitat en las zonas altiplánicas de los departamentos de La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba, Chuquisaca y parte de Tarija. Por eso, el biólogo paceño Josef Rechberger Broggini considera que falta muy poco para que este grupo esté en peligro. ´Por el momento su estado es vulnerable´, opina citando un estudio realizado por el Convenio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora.
Popular en el mundo andino, el q’amaqi es uno de los principales personajes de los cuentos aymaras, que destacan en algunos casos su astucia y otros su ingenuidad. Para Donato Gómez Bacarreza, especializado en Lenguas Nativas y Cultura Aymara, este mítico animal proyecta una imagen benigna y maligna a la vez. ´Su deseo siempre fue ser más grande, por eso es que se cuenta que por las noches se convierte en un hombre´.
Su pelaje le permite mimetizarse entre la paja brava y luego, según la leyenda, convertirse en ser humano. No obstante, aquello no es suficiente para huir de la caza.
Rechberger, que hizo su tesis sobre este canino en 1999, recuerda que existe la Ley del Medio Ambiente y un decreto que prohíbe la cacería de cualquier animal silvestre, pero se lamenta porque no se realice un control más efectivo.
Mientras aún se discute si la especie está en peligro, con mucha suerte uno puede encontrarlo vagando por las cercanías de la región de Lambate en Sud Yungas.
Un animal de altura
Entre los nevados del Mururata e Illimani está enclavada una pequeña laguna denominada Casiri. Éste es sólo uno de los sitios donde se halla el lari, que puede habitar desde 1.000 hasta los 4.500 metros sobre el nivel del mar. Su aspecto es similar al de un perro mediano. Siempre luce nervioso e inquieto; es imposible domesticarlo y no se sabe con exactitud a qué cantidad llega su población porque aún no se hicieron estudios al respecto, revela el biólogo del zoológico de Mallasa de La Paz, Miguel Molina Argandoña.
Ante la presencia humana, el mamífero, que puede medir entre 60 centímetros y un metro de largo, incluida la cola, se muestra temeroso, así reconoce a su mayor enemigo, que junto al puma y el cóndor, dificultan su vida. Una cola de negruzca, de 30 centímetros, junto a su pronunciado y desarrollado hocico, son sus principales rasgos.
Su color y pelaje varían según la región. En Potosí, por ejemplo, son más peludos, no tanto así en otros sectores. Sus colores van desde grises, pasando por el amarillo-marrón. ´En los sitios donde abunda el pajonal y existe mayor humedad son más colorados´, agrega Rechberger Broggini.
Este espécimen andino también se alimenta de raíces, pequeños frutos y pasto, que le ayudan a lograr una mejor digestión. Son rápidos y su presa favorita son los pampa wank’us (conejos silvestres), ratones, vizcachas y pequeñas aves, pero también ovejas. Es por esto último que el zorro sufre la ira de los campesinos, que al perder a su ganado lanzan jaurías de perros para acabar con él. Sin embargo, los biólogos que los estudian consideran que su presencia mantiene un equilibrio ecológico de géneros. Algo que se niegan a admitir los comunarios, continuando la matanza.
Un controlador de plagas
Pese a su estatus de animal maligno, el zorro andino mantiene el equilibrio biológico en el altiplano, debido a que su dieta principal son los roedores, que llegan a ser mucho más perjudiciales para las cosechas, además de que transmiten enfermedades.
Hace poco, campesinos argentinos efectuaron una caza masiva de este animal, pero luego surgieron problemas mucho más graves. Una epidemia de ratas inundó los almacenes de maíz y arrasó con todo. Antuco se convierte así, aunque no se lo quiera admitir, en un eficiente regulador biológico de plagas de roedores, y actúa además como un efectivo dispersor de semillas en el campo.
Rechberger considera que hace falta una educación ambiental en el país y a veces se debe poner en la balanza los hechos y espeta a todos: ´Vale la pena perder una oveja a perder todo un cultivo con una plaga de roedores´.
El aymarista Gómez Bacarreza añade, ´el zorro no molesta a los animales de nuestro mundo andino´. No obstante se supo que en algunas ocasiones atacó a las crías de algunas vicuñas.
Su imagen feroz y perversa es la que más se difundió. Por eso, los transportistas creen que si la fiera se les atraviesa en la carretera es un signo inequívoco de mala suerte y por eso, ni cortos ni perezosos, algunos choferes se lanzan a la caza de ellos por el altiplano, ayudados por los comunarios.
Hoy, el zorro vaga por los sitios que en el pasado fueron su territorio y ahora le pertenecen al hombre. Pese a todo lo que se dice, en las poblaciones andinas, tiwula no sólo es considerado como animal perjudicial y más de uno también acaba con su vida para luego vender su cotizado rabo.
Una preciada colita
En la feria de la zona 16 de Julio de la ciudad de El Alto, la cola de un q’amaqi puede llegar a costar 150 bolivianos. La razón es que esa parte del zorro es un gran amuleto que ´infunde mucho coraje al que lo porta´. Todo sirve de él, incluso uno puede curarse algunas enfermedades con otras partes de su organismo. En el altiplano se habla de que los ladrones llevan consigo un rabo de zorro para no ser vistos por los dueños de casa cuando delinquen. Esta creencia viene de la astucia del zorro que pasa desapercibido, casi invisible, antes de atacar.
La cola es además un poderoso amuleto que sirve para evitar la soledad en los niños y, según Rechberger, ´se usa también para encontrar pareja entre los jóvenes´.
En la calle Sagárnaga, del centro de La Paz, pueden encontrarse algunas pieles, huesos y sus hocicos para efectuar ceremonias.
En el campo, una vez que está muerto, es disecado para adornar y acompañar al k’usillo. También en el altiplano se cree que cuando sus ladridos son entrecortados es una señal de que habrá buena cosecha; pero si son largos y constantes, ocurrirá lo contrario.
Rechberger tiene una anécdota. ´Al volver a La Paz hallé un zorro muerto en el camino y luego de recogerlo, un campesino me propuso comprarlo. \'Mañana juega mi equipo y ahora queremos ofrecerlo para que nos traiga suerte\'´.
Todo esto impacta en la supervivencia del zorro andino. A excepción del trabajo del biólogo paceño, en Bolivia son pocos los estudios que se efectuaron sobre el zorro andino. Para la Colección Boliviana de la Fauna (CBF), su especie no está en peligro de extinción. Sin embargo, tampoco hay datos sobre su población.
CUENTO
Dicen que una joven hermosa llamada Pancha vivía con su familia, un día su madre le dijo: “hija, ya eres mayor, es tiempo de que te cases”. Ella quedó triste y pensativa. Una tarde, mientras pasteaba sus ovejas, se le apareció un joven con un traje amarillo y dientes de oro. A partir de ese instante su vida cambió: se enamoraron. Pasó el tiempo y contó a su madre que quería casarse, pero admitió también que él parecía no estar dispuesto a formar una pareja. Dijo que no le importaba y que convencería a su galán.
Al día siguiente, su madre fue a ver a Pancha y mientras se acercaba creyó que su hija hablaba con el joven, pero grande fue su sorpresa al ver que ella sólo conversaba con un zorro que luego se escapó. Por eso se dice que el zorro se convierte en humano. (Donato Gómez B.)