Esta galería de la Alianza Francesa se ha ampliado para promover la fotografía y estrechar más los lazos entre las diferentes culturas.
Texto: Miguel Vargas S. Fotos: Miguel Carrasco
No pueden aguantar las sonrisas. De pie junto al nuevo ingreso a La Galerie, Bertrand Dufieux y Marie Courtois Prieto se muestran contentos. El primero es delegado general de la Alianza Francesa en Bolivia y la segunda es encargada cultural de dicha institución. La alegría está más que justificada: están prestos para cortar el listón invisible que invita a penetrar en un remozado espacio cultural.
El imponente edificio ubicado en la esquina de las calles Aspiazu y 20 de Octubre tiene una nueva sonrisa: la puerta de ingreso a La Galerie (La galería, en francés).
Los curiosos se acercan a los relucientes portones de vidrio y pegan sus rostros en él. Al fondo se ven dos hileras de autorretratos de Roberto Valcárcel que flanquean el camino hasta las tres piezas que conforman ´Llévame a casa´, del artista paceño Galo Coca. Es imposible no dejarse seducir. Por eso, la primera tarde que abrió La Galerie —por un par de horas— convocó a más de 80 visitantes.
Pero esta historia empieza antes. ´Desde hace tres años estamos tratando de dar a este espacio una fuerte identidad con la fotografía. Después nos dimos cuenta que el lugar era insuficiente. Cada vez que había una inauguración llegaba mucha gente y, rápidamente, con 80 personas, terminábamos caminando unos encima de los otros´, bromea Dufieux. Ahora, de los 104 metros cuadrados originales, se ha crecido a los 154.
Como el lugar había sido pensado originalmente sólo como auditorio, no se contaba con paredes lo suficientemente altas como para poder colocar obras de gran formato. A esto se sumaba el desuso de un garaje que más bien servía de depósito. ´Teníamos este espacio que no usábamos y decidimos ponerlo a disposición de los artistas y del público´, explica Dufieux.
La única promoción que tenía el sitio se hacía a través de banners colocados en los ventanales. Finalmente, para apreciar alguna muestra, necesariamente se debía pasar por el ingreso de la Alianza Francesa y descender hasta un subsuelo. Había que hacer algo.
Queso para los ratones
Viendo que el garaje ofrecía la posibilidad de ampliar el recinto, la gente de la Alianza Francesa se propuso el reto de atraer a más gente a la sala de exposiciones. Para ello, un acceso directo a la calle y puertas de vidrio que permitiesen que el público atisbe las muestras resguardadas en el interior sirvieron como la trampa perfecta para capturar tanto al amante del arte como al transeúnte común.
Así empezó la refacción en la que por el lapso de dos meses se invertirían los 17.000 dólares necesarios para los pequeños, pero capitales cambios en la infraestructura. El financiamiento de la obra se costeó con recursos propios.
Hoy, el aspecto del recinto es otro. En el piso originalmente alfombrado reluce ahora una elegante cerámica que además es muy resistente, como augurio de una gran afluencia de público.
´Aquí tenemos una visibilidad directa sobre la calle 20 de Octubre como espacio dedicado al arte visual´, acota Dufieux junto a la puerta de ingreso que anuncia las exposiciones inaugurales Contrapunto —de los artistas Paola Lambertín, Jorge Kuljis, Mariela Gainsborg y Galo Coca— y Retratos y autorretratos despiadados, de Roberto Valcárcel.
A pesar de su vocación fotográfica, el espacio aún latirá al ritmo de conferencias, coloquios y proyecciones. El auditorio mantiene sus características y continuará con sus actividades habituales. ´Hemos doblado el espacio para el público y los artistas´, se ufana Dufieux. Allí, el ingreso es gratuito y no se cobra a los artistas, que son seleccionados por un comité de evaluación para mantener el nivel de las exposiciones y equilibrar la cantidad de expositores bolivianos, latinoamericanos y europeos.
Pese a tanta alegría, la tarea aún está lejos de terminar. ´El próximo paso es encontrar un financiamiento para poder imprimir regularmente libros de los artistas. Hicimos una prueba el año pasado, pero no podemos costear las publicaciones con fondos propios ni venderlas muy caras. Estamos en la búsqueda de un auspiciador para que cada exposición deje una huella y así la gente pueda tener una pequeña colección de fotografía boliviana´, planea Dufieux. Y acto seguido, suelta otra sonrisa.