Un grupo de mujeres guarayas convierte sus tradiciones en una industria de champú y jabón, alimentada por el gwagwasu, fruto de la palmera de cusi.
Texto: Liliana Carrillo V. Fotos: Nicolás Quinteros
Akaseisa significa en idioma guarayo “lo que sirve para lavar el pelo”. Es un champú casero que, desde tiempos inmemoriales, se elabora en base al cusi, el fruto de la palmera que abunda en los bosques cruceños.
“Los guarayos conocemos el monte, por eso sabemos bien para qué sirve cada hierba y cada fruto”, comenta Martha Irapi Irawi, presidenta de la Asociación de Mujeres Indígenas Productoras que ha desarrollado la industria “Gwagwasu”, especializada en la elaboración de champú, crema de enjuague, jaboncillo, jabón y aceite de cusi.
Mujeres en acción
El 2003, Martha Irapi (44) representó a Yotaú, su pueblo natal, en la reunión de 15 mujeres guarayas convocada por la Cooperación Holandesa y el Instituto Boliviano de Investigación Forestal. La idea era intercambiar conocimientos sobre la palmera de cusi y recibir capacitación para su industrialización.
“Nos enseñaron a aprovechar el cusi y volverlo champú y jabón. Nosotros ya sabíamos cómo sacar el aceite, o sea que rapidito aprendimos”, relata Elba Yamanduar (45).
Con la capacitación, ella y seis de sus compañeras decidieron crear su propia industria. “Las mujeres no podíamos llevar dinero a la casa; el trabajo en el chaco, los hijos, la cocina nomás era... ahora podemos”, evalúa Ascencia Uranoi Araipi, quien a sus 58 años se sumó a la iniciativa como vicepresidenta de la Asociación de Mujeres.
“Recibimos mucha ayuda. Al principio la Cooperación nos prestó dinero y, cuando nos pagábamos mucho de alquiler, la Alcaldía de Ascención de Guarayos nos dio un espacio”, cuenta Martha. Hoy, son siete las mujeres, conocidas como “champuceras”, que trabajan en la artesanal “Gwagwasu” (cusi en idioma guarayo) y aspiran a abarcar todo el mercado nacional.
El regalo del bosque
“Gwagwasu” es el fruto de la palmera de cusi (Attalea speciosa) que crece salvaje en las llanuras y bosques de la provincia cruceña de Guarayos. “Cuando el cusi está maduro, lo recogemos. Hay que subir a los árboles”, cuenta Elba.
El cusi es en realidad una cápsula de cáscara dura que contiene al menos una decena de jachis o caluchas, que son muy parecidas a las almendras. “De una arroba de caluchas salen cuatro litros de aceite”, puntualiza doña Ascencia.
Los jachis, obtenidos a punta de machete, se muelen. “Antes se usaba sólo tacú, ahora también usamos máquinas moledoras”, explica Martha. Las caluchas aplastadas se hierven durante horas, para obtener, finalmente, el aceite de cusi.
El óleo puro es la materia prima para la elaboración del champú. “Al aceite, lo tratamos con agua destilada y pocos químicos. Lo más importante es el cusi, que hace que el pelo crezca sanito y largo”, comenta Ascencia. El jabón requiere grasa, detergente y perfume, además del cusi. “Hay riesgo de quemaduras —dice Elba—, felizmente no ha habido accidentes graves”.
El último paso es el envase y el etiquetado de todos los productos —Akaseisa (champú), Chavo rtakiwa (jabón) y A\'mbokawisa (crema de enjuague)— para su venta en ferias artesanales a precios que oscilan entre los 15 y 25 bolivianos. “Ya hemos ido a La Paz y a Cochabamba y vendemos bien en Santa Cruz. Vamos a seguir trabajando con el cusi que nos regala el bosque”. Un obsequio tan generoso que cambia la vida de estas mujeres guarayas.