De pie en todo el territorio nacional el 8 de octubre, Bolivia debió recordar a los bravos soldados bolivianos que hace ya 40 años, con ejemplar valor ofrendaron sus vidas en defensa de la patria, agredida por invasores extranjeros, escribiendo con su sangre una de las páginas más notables de la historia.
En mi calidad de excombatiente de aquella lucha antiguerrillera y fundamentalmente como General de la República en servicio pasivo, asumo el deber moral y la firmeza cívica de representar honoríficamente a toda una generación que actuamos en ese entonces, con la convicción y certeza que la acción promovida por Cuba y comandada por el señor Guevara era un movimiento armado, con la consigna de implantar ideologías foráneas y contrarias a la cultura e idiosincrasia de nuestro pueblo.
Como muy bien menciona Von Boeck, “la guerrilla se ha caracterizado por la cobardía de sus actores que, amparados en las sombras, asesinan a mansalva en emboscadas y encubiertos por la noche, existiendo una diferencia abismal, entre estos entes, que se dicen seres humanos y las fieras de la selva, los animales carnívoros matan para satisfacer sus necesidades fisiológicas, mientras los guerrilleros asesinan por un morboso placer, posiblemente y no hay otra explicación, como consecuencia de traumáticas enfermedades mentales; sensiblemente esta clase de lucha se ha transformado en una máquina de criminalidad sin límites”.
Con estos importantes antecedentes, con orgullo y satisfacción y con una total entrega a la patria nos impusimos con coraje y valentía, con nuestras propias características, sin perder un ápice de autenticidad, respondimos con decisión ante la emboscada asesina que segó la vida de nuestros camaradas y soldados en una forma de lucha, para la que aún no estábamos preparados. Nuestra férrea unidad, disciplina y voluntad de vencer, nos elevó hasta la exaltación del deber, privilegio de gloria que sólo conoce el soldado en el campo de batalla.
Ironías y paradojas de la vida, ha transcurrido desde entonces cuarenta años y lo que defendimos con denuedo y sacrificio, ahora en tiempos de democracia, la izquierda pretende con el slogan de “tiempos de cambio” imponer la doctrina socialista con el apoyo frontal de Cuba y Venezuela, pretendiendo a toda costa, inyectar el espíritu marxista en la sociedad nacional, ignorando u olvidando que nuestra Bolivia como país soberano, tiene la potestad de cifrar sus destinos por los caminos que le dicta la conciencia nacional. Todo este río revuelto está siendo muy bien aprovechado y de manera mañosa e irresponsable por la izquierda, manipulando y utilizando la buena fe ciudadana, confundida, y decepcionada de la clase política.
Mientras, me atrevo a pensar que ya no hay paz en la tumba de nuestros gloriosos oficiales, suboficiales, sargentos, alumnos, soldados guardias y campesinos de Ñancahuazú, con las sombrías perspectivas que se ciernen en el país, y con el agravante que hace un año atrás nuestros actuales gobernantes en un emotivo acto rindieron homenaje al señor Guevara en el día de su onomástico, precisamente en el lugar donde falleció, calificando ambos, en sus discursos de circunstancia, de héroe a una persona ajena a su patria y, lo que es peor y triste, que mataron a sus compatriotas, por el único pecado de defender la integridad de la nación.
Para concluir, todo lo que ocurrió, sucede y acontecerá en esta temática es ofensivo, infamante, degradante, irrelevante, deshonroso y profano para la memoria de esos jóvenes acribillados por la espalda y para todos los bolivianos en su conjunto; personalmente me siento profundamente agraviado y con mi dignidad de boliviano muy cuestionada; hace muy poco tiempo se ha conversado con el Comandante en Jefe de las FFAA de la nación haciendo conocer el dolor que embarga a los bolivianos por el trato que se da en sus propia tierra a los héroes de Ñancahuazú; asimismo se ha solicitado que como un justo desagravio se efectúe en todos los cuarteles del país, actos de homenaje en reconocimiento a los verdaderos héroes que ofrendaron su vida por la patria y su actual libertad. Finalmente, invoco al Todopoderoso, que desde el más allá bendiga, proteja e ilumine permanentemente a este sufrido pueblo, que merece mejor suerte.
*Armando Balcázar Botelho es General de Ejército y ex combatiente de Ñancahuazú.
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