Por: Jorge Tuto Quiroga Ex presidente de la República de Bolivia
La conmemoración de 25 años ininterrumpidos de democracia debe otorgarnos la oportunidad de valorar sus logros, reconocer sus deficiencias y advertir sobre los peligros que la acechan.
Durante este cuarto de siglo, el pueblo boliviano ha participado de manera activa y consecuente en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática. Desde la recuperación de la democracia, un número cada vez más creciente de bolivianos y bolivianas ha expresado con la acción del voto su confianza en el Estado de Derecho en siete elecciones nacionales, ocho justas municipales, dos consultas de referéndum y una elección de miembros de la Asamblea Constituyente.
Si en 1985 un total de 1.504.056 ciudadanos ejercitaron su derecho y deber de elegir autoridades nacionales, en las últimas elecciones constituyentes de junio del 2006, 3.133.602 compatriotas le dijeron “sí” a la democracia.
Pero esa esperanza no siempre ha sido correspondida. La recuperación y consolidación de la democracia no ha logrado aún los beneficios económicos directos, la participación incluyente de sectores históricamente relegados ni la eficiencia institucional que la gente esperaba.
PACTOS, ESTABILIDAD Y LEGITIMIDAD
El Dr. Víctor Paz en 1985 anunció que las medidas que implementó en su cuarta administración iban a durar una generación. Muchos interpretaron que el estadista se refería al alcance en el tiempo del Decreto 21060 y argumentan ahora que “el modelo neoliberal” ha cumplido ese ciclo pronosticado.
Creo que el presidente Paz se refería en realidad a un modelo de administración gubernamental que garantizaba la estabilidad económica y la legitimidad política a través de acuerdos parlamentarios.
Los consensos políticos en el Parlamento brindaban al Presidente la solidez necesaria para el proceso de reconstrucción de la confianza ciudadana en el sistema económico que había sido devastado por la inflación.
Pero, como a menudo sucede con el suministro exagerado y perjudicial de los remedios, los acuerdos pronto derivaron en negociaciones y posteriormente degeneraron en “cuoteos” políticos, corrupción, ineficiencia e insensibilidad en el manejo de la cosa pública. La sociedad civil soportaba con creciente malestar la actuación de partidos que se habían convertido en asociaciones excluyentes donde se practicaba el nepotismo y el clientelismo en desmedro de los verdaderos titulares de la democracia: los ciudadanos.
FIN DE SIGLO,
FIN DE CICLO
El fin del siglo XX llegó a Bolivia con la urgencia de un cambio profundo en la conducta de quienes asumimos la responsabilidad del servicio público. El resurgimiento de bloqueos, marchas y manifestaciones ciudadanas trajo consigo la demanda de solución a conflictos coyunturales, pero mostró también el trasfondo de la urgencia de atención a problemas estructurales.
La aprobación de una ley de necesidad de reformas a la Constitución Política del Estado —que sancionaba la discriminación, instituía el referéndum constitucional y rompía el monopolio de los partidos para permitir la participación en elecciones de agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas—, el 1 de agosto del 2002, necesitaba del complemento de acciones concretas para recuperar la credibilidad de la democracia y el ejercicio del poder público. Luego de la sucesión constitucional forzada por la enfermedad del ex presidente Hugo Banzer, pusimos en marcha una administración que priorizó la agenda social en medio de un contexto económico muy adverso.
Un gabinete de ministros compuesto en su mayoría por profesionales independientes asumió el reto de contrarrestar una crisis externa que hacía estragos en Sudamérica, reponer la convivencia pacífica, priorizar la generación de empleo, consolidar la reducción de 2 mil millones de deuda externa multilateral, y abrir y ampliar mercados en la zona andina y Estados Unidos.
El Congreso acompañó estos esfuerzos y definió por consenso y concurso de méritos decenas de designaciones de profesionales en cargos jerárquicos de la Dirección Nacional de Aduanas, el Servicio Nacional de Impuestos, el Servicio Nacional de Caminos, Cortes Departamentales Electorales y otras instituciones del Estado.
DESAFÍOS Y PELIGROS
El año 2003 la población volvió a expresar su rechazo al cuoteo partidario y abuso del poder. El creciente nivel de conflictividad social puso nuevamente a prueba la continuidad de la democracia. Pero en una renovada muestra de vocación democrática, los ciudadanos apostaron por la resolución pacífica de los conflictos al elegir un gobierno por mayoría absoluta en diciembre del 2005 y posibilitar la instalación de la Asamblea Constituyente en julio del 2006.
Mientras esperábamos el cumplimiento de la agenda de “cambio” a través de los medios legales y legítimos, el Gobierno puso en marcha un proyecto de beligerancia regional, enfrentamiento racial y destrucción de las instituciones democráticas.
El pueblo boliviano observa ahora desengañado cómo un gobierno elegido en las urnas, dedica sus esfuerzos al desmoronamiento de las instituciones democráticas, al hostigamiento a medios de comunicación, a las agresiones contra la Iglesia y a la eliminación de la oposición.
El oficialismo desaprovecha la bonanza externa que en los últimos cuatro años ha duplicado los ingresos fiscales, triplicado las exportaciones y reducido a la mitad la deuda externa, pero prioriza los afanes de prorroguismo y autoritarismo dictados por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Se atiende con preferencia el cumplimiento de la agenda chavista y se deja en el olvido el destino de miles de compatriotas que a diario cambian su familia por un pase a bordo y un empleo en España.
Es reconfortante celebrar 25 años de democracia. Pero la satisfacción de este logro no debe distraernos de la responsabilidad de trabajar incansablemente por una democracia sin excluidos, revanchismos ni separatismos. Saludemos este cuarto de siglo de democracia con el compromiso de alcanzar dos siglos de vida republicana con mejores condiciones de vida de nuestros compatriotas, en libertad, con tolerancia y justicia social.
“La satisfacción de este logro (25 años) no debe distraernos de la responsabilidad de trabajar por una democracia sin excluidos, revanchismos ni separatismos”
El perfil
El hombre • Nació en Cochabamba el 5 de mayo de 1960. Estudió Ingeniería Industrial.
La trayectoria • Fue Presidente del 7 de agosto del 2001 al 6 de agosto del 2002.