Cogoteros, secuestros express, robos bancarios, además de delitos comunes, atemorizan cada vez con más frecuencia a la gente, que ha decidido tomar acciones por encima de la propia Policía.
La inseguridad ciudadana se ha convertido en uno de los mayores problemas en Bolivia, particularmente por su creciente violencia. El Estado empieza a considerar como una de sus prioridades la lucha contra el delito.
Los cogoteros, delincuentes que roban vehículos luego de ahorcar a sus víctimas, y los secuestros express son, junto a los asaltos a los bancos y remesas, delitos de reciente data que acechan a la población con un factor de violencia preocupante.
Una explicación de esta situación se encuentra en el hecho de que en Bolivia operan delincuentes extranjeros. “El delito tiende a globalizarse”, asegura el comandante de la Policía Nacional, general Miguel Vásquez.
Un reporte policial muestra que entre el 2002 y el 2006 se registraron 170.854 delitos, entre ellos 13.197 homicidios. En el primer semestre del 2007 se anotan 13.801 casos de diversa índole, como 662 robos agravados, que implica el uso de armas de fuego.
Los cogoteros aparecen en el escenario delincuencial con una violencia marcada. Suben a un vehículo y ahorcan hasta matar al chofer para posteriormente abandonarlo y robarle el motorizado. El 2003 se detuvo a una de estas bandas a la que se le atribuyó 19 asesinatos.
Los secuestros express también suman entre los delitos recientes. El reporte policial revela que en los primeros seis meses de este año se denunciaron 74 secuestros. El modus operandi parece el mismo: los secuestran, los golpean y los obligan, en algunos casos, a sacar dinero de los cajeros automáticos. Finalmente, los abandonan y en el peor de los casos los asesinan.
El robo de remesas y asaltos a bancos son otro tipo de delitos que se dan con cierta frecuencia. El caso más representativo es el que involucró al jefe policial Blas Valencia el 2001. En otro robo célebre, los atracadores se llevaron 80 mil dólares y 400 mil bolivianos de la casa de cambios Sudamer a través de un forado abierto en una casa contigua.
Cómo olvidar los linchamientos o intentos de hacer justicia con propia mano, que se han convertido en una práctica frecuente y, lo peor, casi “normal” en ciertas regiones y ciudades.
La respuesta de la Policía es desconcentrar sus servicios que, junto al aporte de 179 vehículos y un moderno sistema de comunicación, permitirá combatir el delito. El Comandante policial pide responsabilidad compartida.
LOS CASOS DE INSEGURIDAD
Un oficial de Policía lideró un sangriento asalto con tres muertos
El caso Prosegur y otros protagonizados por Blas Valencia terminaron con la detención de este ex coronel de la Policía, condenado a 30 años en Chonchocoro
Uno de los casos más célebres de robo a remesas en los últimos años fue el asestado a Prosegur el 14 de diciembre del 2001, donde fueron acribilladas tres personas. Luego de intensas pesquisas, la Policía desplegó un operativo que logró detener al autor material e intelectual de éste y otros asaltos: el hoy ex coronel de la Policía, Blas Valencia.
El hecho delictivo sucedió en la avenida Kantutani de La Paz. El botín era de cerca de medio millón de dólares. El operativo que desplegó la Policía para capturar a la banda fue uno de los más grandes realizados. Treinta personas fueron detenidas, entre ellas Valencia, identificado como el cabecilla de esta banda, que también perpetró el asalto a la joyería Nefertiti, a las oficinas del Banco de Crédito de La Paz, de la Cooperativa de Gas La Paz, del Banco Nacional de Cochabamba y de la empresa Astaldi.
También se identificó al peruano Wilfredo Camana como socio de Valencia, condenado a 30 años en el penal de Chonchocoro. Así se cerró uno de los casos más incómodos para la Policía, al estar implicado uno de sus camaradas.
Los botines son cada vez más cuantiosos y los robos, más violentos
Remesas y sucursales bancarias son el blanco de los delincuentes. Los atracos, que son cada vez más violentos, se registran sin excepción en los nueve departamentos.
Los asaltos agravados, es decir con armas de fuego, se hacen más frecuentes debido a los cuantiosos botines. Uno de estos casos se produjo en diciembre del 2000, cuando una banda de peruanos se llevó una bolsa de 285 mil dólares perteneciente a la Alcaldía paceña. Otro caso que ha quedado en la retina, esta vez de los vecinos de El Alto, se produjo el 2003, cuando una transportadora de valores fue asaltada y se sustrajeron 47 mil dólares.
Un año después, en Santa Cruz, una banda de delincuentes ingresó a oficinas de la empresa de giros Sudamer para robar 200.000 dólares. El 2005, empleados del banco Los Andes fueron asaltados cuando llevaban dinero a la agencia de Punata, en Cochabamba. El botín fue de más de 50.000 dólares.
La agencia de la empresa DHL en Cochabamba también fue víctima de otro atraco, perdiendo cerca de 19.000 dólares. En La Paz asaltaron la agencia de viajes y giros Arco Iris con un botín de 30.000 dólares. El 2005 la afectada fue la empresa de giros Sudamer, que perdió 80 mil dólares y 400 mil bolivianos.
Los linchamientos se justifican como justicia comunitaria
En diferentes zonas existen muñecos colgados a los postes de energía eléctrica con la amenaza de aplicar justicia comunitaria a quienes sean sorprendidos robando.
Muñecos colgados de los postes de energía eléctrica de los barrios son una clara advertencia a los ladrones que sean sorprendidos. En muchos de los casos, estos mensajes van más allá de lo disuasivo y se ponen en práctica cruelmente como una forma de justicia por mano propia.
Las estadísticas de la Policía no contemplan específicamente este tipo de hechos. La División Homicidios atendió 13.197 casos entre el 2002 y el 2006.
Un cuadro del primer semestre del 2007 revela que en los dos últimos años, 70 personas fueron linchadas.
Uno de los casos que consternó fue la muerte del alcalde de Ayo Ayo, Benjamín Altamirano, quien fue quemado vivo, luego de ser golpeado. Algunos pobladores adujeron que hicieron justicia comunitaria porque, supuestamente, pesaban denuncias de irregularidades sobre la gestión de Altamirano.
Para el comandante de la Policía, Miguel Vásquez, una manera de evitar estos excesos es mejorar la seguridad de los barrios, en particular en las zonas más empobrecidas.