“Sonreía poco, era adusta, vestía siempre de oscuro y peinaba un moño que contribuía a su aspecto severo”, recordaba a doña Adela Zamudio (Cochabamba, 1850–1928) una de sus alumnas —señorita de escasos 13 años en la década de los 20, ya nonagenaria en una entrevista realizada en la década de los 80.
La mirada ingenua de una adolescente no debe llevar a error, puesto que si bien la maestra Zamudio no destacaba por su dulzura, sí lo hacía por su carácter y la fuerza de una posición académica que, para la época y para una mujer en la sociedad semirrural de su Cochabamba natal, era un bastión muy difícil de conseguir y mantener. Tres ejemplos bastan para respaldar esta mirada: Los poemas Nacer Hombre, publicado en 1887, y Quo Vadis, en 1903; y la novela Íntimas, en 1913.
En Nacer Hombre el verso transita la crítica con picardía y mordacidad, contraponiendo los comportamientos de hombre y mujer frente a la desgracia.
“El se abate y bebe o juega En un revés de la suerte; Ella sufre, lucha y ruega. (Permitidme que me asombre) Que a ella se llame el “ser débil” Y a él se le llame el “ser fuerte” ¡Porque es hombre! ¡Oh mortal privilegiado, Que de perfecto y cabal Gozas seguro renombre! En todo caso, para esto, Te ha bastado Nacer hombre Quo Vadis apareció en Cuaresma, lo que muestra su explícita intención crítica y polemista, consiguiendo airadas eacciones de la jerarquía eclesiástica y de las señoras de la sociedad tradicional. “Allí está Pedro. El pescador que un día Predicó la pobreza y la humildad Cubierto de lujosa pedrería Ostenta su poder y majestad. Feroz imitador de los paganos El santo inquisidor Ha quemado en tu nombre a sus hermanos ¿A dónde vas, Señor?”
Sobre Íntimas ha escrito Leonardo García (1999) que “sufrió dura crítica de sus contemporáneos (…) claramente injustificada (lo que) muestra una reacción ideológica y defensiva de sus planteamientos críticos”. La misma Zamudio la llamó “una novela escrita por mujeres para mujeres”. ¿Qué tiene la obra para ser considerada de esa manera? Que, según el mismo García, “se opone en más de un aspecto a las preocupaciones dominantes de los intelectuales y escritores de la época: a las grandes críticas ideológicas, ella opone la crítica moral; a las preocupaciones por lo nacional, la preocupación por la vida diaria; a los narradores monológicos, un texto dialógico; a la narración de hechos históricos, la de la cotidianidad e intimidad. En suma, una nueva posición crítica y narrativa que sólo podía venir de un sujeto femenino”.
Tras los pasos de esta mujer excepcional, escritora, poeta, maestra y ensayista, han ido varios estudiosos que destacan su carácter férreo, ánimo polemista, anticlerical y abierta visión liberal de la sociedad, “ideología y proyecto” con los que estuvo involucrada Adela Zamudio (Dora Cajías, 1996).
El 11 de octubre, al recordar su nacimiento —fecha convertida en Día de la Mujer en el país— se encuentra que tras esos pasos hay mucho camino andado y logrado por las mujeres, cuyos derechos ella defendió y que todavía quedan caminos por recorrer.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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