El haber vivido 25 años continuos en democracia me parece un sueño, después de que durante décadas experimenté de cerca, incluso en forma personal, las penalidades y amarguras que deparan los autoritarismos y las dictaduras. La mayor violación fue la restricción o la pérdida de la libertad.
La primera víctima de los excesos de poder es la democracia, que se halla consubstanciada con la libertad. Sin libertad no hay democracia y si ésta es atropellada o desconocida tampoco puede haber libertad. De manera que ambas son inherentes la una a la otra.
En conmemoración a los 25 años de vida de la democracia en Bolivia, cabe repetir lo que siempre se ha dicho, desde los tiempos en que Atenas era la cuna de estos principios, catalogados como una doctrina filosófica y asimismo como el instrumental más precioso de la política.
La democracia, como estilo de vida, es un modo de vivir basado en el respeto a la dignidad humana, la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de una sociedad. Al mismo tiempo, la democracia, como forma de gobierno, es la expresión del sentir y de la voluntad de los ciudadanos por medio del voto y del control que ejerzan sobre quienes dirigen el Estado.
Se afirma también que, en sentido estricto, la democracia es un sistema político que permite el funcionamiento del Estado. Y, en un sentido amplio, la democracia es una forma de convivencia social, en la que todos son libres e iguales ante la ley, y ante los que ejercen el poder.
En cuanto se refiere a la libertad, el consenso general la considera como un derecho natural de la persona, sin importar la edad, el sexo o cualquier otra diferencia. De este modo, merced a la libertad, los seres humanos pueden realizar sus aspiraciones, entre ellas tener un mejor nivel de vida, formar a los hijos para que aprendan a tomar buenas decisiones, buscar un lugar adecuado para vivir, tener una existencia congruente con la moral y la ética en el ejercicio profesional, en el hogar y en las relaciones sociales.
La oportunidad es también propicia para esclarecer que, en lo que se refiere a la democracia, ésta no es un modelo económico. En consecuencia, no se le puede pedir que resuelva los problemas del atraso y de la pobreza, como alguna gente en el país supone que debiera ser así.
Su rol es crear las mejores condiciones posibles para que una comunidad utilice las vías democráticas para superar sus rezagos, a través de la convivencia pacífica, la tolerancia y el respeto a los derechos, los cuales comienzan donde terminan los de los demás.
De no cumplirse con estos requisitos, lo que puede ocurrir es que se desaten la violencia, los atropellos y se violen las libertades ciudadanas. Entre estas últimas, la que más suele ser agredida es la libertad de expresión. De suceder esto, no hay duda de que se está frente a un régimen autoritario o simple y llanamente ante una dictadura.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
Acuerdos para la Constituyente
A pesar de la fecha, no escribo sobre el día de la mujer, ni sobre los más de 500 años de colonización, ni sobre las bodas de plata de la democracia, porque en un momento como el actual
Caudillo Guevara
El romanticismo europeo estableció el siniestro prejuicio de que la disposición a entregar la vida por las ideas es digna de admiración y de elogio. Amparados desde entonces en esta convicción, y a lo largo de más de un siglo
Cambio un Evo por un Gore
Todos queremos un mundo mejor pero la virtud, de quienes pueden hacerlo posible, no reside en los micrófonos ni en las cámaras de televisión. La diferencia se encuentra en la proposición y responsabilidad con la que asumen las políticas que se estudian para el respectivo cometido.
¿Bonosol o prefecturas?
¿Bonosol o IDH? ¿Prefecturas y alcaldías o ancianos y ancianas del país? ¿Obras o necesidades? Tales parecen ser los dilemas que alimentan la emergencia de nuevos conflictos en el país.