Todos queremos un mundo mejor pero la virtud, de quienes pueden hacerlo posible, no reside en los micrófonos ni en las cámaras de televisión. La diferencia se encuentra en la proposición y responsabilidad con la que asumen las políticas que se estudian para el respectivo cometido. Al Gore, ex Vicepresidente de la primera potencia mundial, lidera actualmente el movimiento ecológico global más prometedor del planeta. Ha producido y se encarga de difundir un video que compromete a todo espectador con el problema del calentamiento global; asimismo, se encuentra visitando a los líderes mundiales para promover el diseño de políticas e incentivos necesarios para la exploración y explotación de nuevas tecnologías que sean mucho menos hostiles con el medio ambiente. Aprovechando el título del documental de Gore Una verdad incómoda, conviene ahora reflexionar el qué tiene que ver con lo de decir verdades para incomodar. Creo que nada, vamos a verlo.
Hace una semana recibí un video por correo electrónico que presentaba a Evo Morales en el programa de horario estelar estadounidense The Comedy Show. La entrevista que me tocó ver por curiosidad se desarrollaba de manera muy amena, nuestro Presidente no solamente hacía reír al conductor sino que también se llevaba muchos aplausos de los asistentes. Era inevitable caer en desacuerdo con la poesía que recitaba. De todas maneras, y sin entrar en detalles como para mencionar que respondió, ante una pícara pregunta del entrevistador, con que no reconocía a su traductor como boliviano por no llevar su mismo tono de piel, pasaré de largo para hablar de nóbeles y novelistas, ya que de esto otro hablaré algún próximo domingo, si todavía me queda buen humor como para recordarlo.
El ex vicepresidente Al Gore reconoce una “verdad incómoda” no solamente para poner en evidencia la necesidad de concientizar a todos los gobiernos y ciudadanos del planeta, sino también para emprender novedosas inversiones en los campos de investigación y desarrollo más innovación. Por su lado, el Presidente de Bolivia se encarga de difundir esta verdad de la mejor manera que pueda incomodar a todos los gobiernos y ciudadanos que no comulgan con sus métodos discursivos y empobrecedores de hacer política. He ahí una de las muchas diferencias.
En la entrevista televisiva del Comedy Show, el representante de Bolivia aconsejaba a los norteamericanos revolucionarse en contra de los arreglos políticos que, se dijeron, impedían que un humilde ciudadano alcance a ser primer mandatario. Y se jactó de ser él mismo quien provocó “el cambio” en Bolivia. Olvidó, por cierto, que gracias a la Constitución que ahora pretende cambiar fue capaz de incluirse en la política partidaria que, auspiciado en principio por el MBL, logró hacerse conocido y, seguidamente, le permitió ser elegido diputado y luego Presidente. En todo caso, conviene apreciar que a la altura de su actual ambición, esa Constitución resulta ahora ser maldita. Probablemente la bendita será la que lo perpetúe y a cuento de que representa a todos los posibles Evos Morales de Bolivia disponga de nuestros derechos y libertades. Hoy, tanto Barak Obama (mulato) como Hillary Clinton (mujer) se ven en las posibilidades de lograr liderar los Estados Unidos, pero por supuesto, ni a costa de bloqueos ni porque Evo lo ha decretado.
Paradójicamente, y a pesar de que el típico populista se encargue de culpar a las potencias mundiales que no firmaron el Protocolo de Kyoto para la reducción de gases tóxicos, tal y como se demuestra en hechos y no palabras, serán finalmente estas potencias las que con sus políticas concretas y pensadas desarrollarán nuevas tecnologías no contaminantes con las que, muy probablemente, los subdesarrollados bulliciosos no podremos competir. Tendremos que buscar justificarnos, y al paso que vamos, quizá contaminemos a cuenta, como cupo a favor o en virtud de algún derecho que nos asista para destrozar el mundo de manera justa, por turno y en partes equitativas. En fin, en el mundo de las letras, todos tenemos la oportunidad hasta de contaminar por incompetentes. El discurso populista no dice ni pío sobre el chaqueo, que lo más probable, se funda en la sabiduría precolombina y, desde luego, desde ya, es una poderosísima justificación para llevarnos a la humanidad por encima.
Finalmente, es igual de triste tener pocas alternativas y proyectos concretos desde la oposición, no se trata de dejarlo todo a la sabiduría de los organismos internacionales que viven abstraídos en su propia burbujeante cosmovisión.
Cambio un Evo por un Gore. Prefiero un posible Nobel que un novelista, por supuesto, antes que por el tipo cambiario nos resulte imposible, siempre puede Chávez subir el precio del oro negro que tanto contamina al mundo entero.
*William Kushner Dávalos es PhD en Gobierno y Administración Pública.
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