La diplomacia boliviana ha sufrido un revés espectacular, y es que al final, el señor Evo morales se ha quedado con los crespos hechos, la situación es penosa, porque todo el mundo se ha enterado que don Evo se estaba muriendo de ganas de recibir el galardón escandinavo, y al final éste se fue nada menos que con un representante, por derecho propio, del odiado imperio.
Esa fue una derrota de dimensiones, y sería interesante saber cuánta plata le ha costado al erario nacional la campaña para lograr que a Evo Morales se le confiera el Premio Nobel de La Paz. ¿Se aplazaron nuestros diplomáticos? La verdad, creo que no, en primer lugar porque la empresa era sumamente difícil, no tenía precedente ni aquí, ni en ningún lugar del mundo, y en segundo lugar porque tenía demasiado de absurdo. En realidad, si algún diplomático se hizo al que estaba haciendo lobby, y no lo hizo, no se le puede tomar a mal, porque la gente tiene también derecho a salvaguardar su propia imagen, a no hacer papelones.
No crea usted estimado lector que pienso que es ridículo que Don Evo Morales sea postulado para recibir ese prestigioso reconocimiento. Es más, basta ver la lista de las personalidades que han recibido ese premio para poder creer que salvo un par de detalles engorrosos en la trayectoria de don Evo, éste podría muy bien ser un candidato potable. Lo ridículo, y lo grosero es que alguien se haga campaña a sí mismo, vayamos por partes. El Presidente de la República es también cabeza de la diplomacia del país, porque esta es parte del Ejecutivo, y es de pésimo gusto, que los subordinados a una persona se dediquen a hacer cabildeo para que ´jefecito´ reciba un premio.
Aunque nada sé de los mecanismos de selección que hay para los Nobel, si sé que en el mejor de los casos esa actitud del Gobierno boliviano tiene que haber causado por lo menos un sentimiento de vergüenza ajena para quienes simpatizan con Evo, y franco repudio para los otros.
Si algunos clubes de fans de Evo, (y que los hay), ya sea en algún rincón de Europa, del ciberespacio o de Bolivia se hubieran puesto a la tarea de promover esa candidatura, estarían en su absoluto derecho, pero utilizar el aparato estatal para eso, es simplemente penoso.
Independientemente de la carga simbólica positiva que innegablemente tiene el señor Presidente, y que lo pone en una ubicación superior a la de Rigoberta Menchú, o Pérez Esquivel, para mencionar a los Nobel latinoamericanos, lo cierto es que hay dos detalles que creo que no pueden ser pasados por alto en su pasado, por un lado la bochornosa situación de empezar a pagar las pensiones a un hijo suyo, solo después de que un juez le obligara, y él estuviera a punto de perder su escaño en el parlamento, y claro, lo más serio, precisamente tratándose de un Nobel de la Paz, su absoluta indiferencia ante el uso de minas antipersonales (los famosos cazabobos) utilizadas por la gente afiliada a los sindicatos qué el representaba y que sigue dirigiendo.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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