No, estimado lector, no me refiero al virtuoso violinista y compositor italiano Niccolo Paganini, que asombró al mundo por sus hábiles y técnicamente bien logradas composiciones musicales. Tampoco estoy tratando de rendir homenaje al tenor Luciano Pavarotti, cuya muerte ha sido verdaderamente una pérdida para la humanidad. Me refiero al pueblo de Bolivia que, desde hace casi dos años, es el ´paganini´ de las chambonadas económicas de algunos funcionarios del Poder Ejecutivo.
En primera instancia, desde luego, están las ridículas nacionalizaciones, que no han hecho otra cosa que privar a Bolivia y a los bolivianos de las inversiones (externas e internas), que es el único instrumento que permite el crecimiento de la economía. Por otra parte, estas nacionalizaciones también han sido la causa de significativas pérdidas de mercado, sobre todo, para el gas y otros hidrocarburos, y han ocasionado importantes reducciones en las utilidades de las empresas productoras, que el propio Ministro de Hacienda reconoce como la causa principal para no poder pagar el Bonosol.
Y, por favor, que no me digan que la nacionalización de los hidrocarburos es la razón por la cual Bolivia recibe cuatro veces más ingresos de los que recibía en el pasado. Lo que pasa, amigo lector, es que hoy Bolivia recibe más ingresos por la venta de hidrocarburos, primero, debido a que el proceso de capitalización trajo cuantiosos recursos para descubrir y producir las enormes reservas de gas. Segundo, debido a que los precios internacionales se han casi triplicado en los últimos años y, tercero, debido a que los impuestos y regalías fueron incrementados por la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada durante el gobierno de Carlos Mesa, aunque no propuesta por éste, y que luego fue repudiada por el propio Movimiento al Socialismo (MAS).
Por otra parte, también está la inflación que, aunque no es totalmente atribuible a la gestión del actual Gobierno, su falta de control recae en la total incompetencia de este grupo de funcionarios del sector económico. Como resultado de esto, el pueblo boliviano resulta nuevamente el ´paganini´ de este impuesto ciego —que podría sobrepasar la no menos preocupante cifra de 10 por ciento anual— y que afecta a los ingresos de todos los bolivianos, sobre todo, el de los bolivianos de ingresos más bajos. Ni qué decir de los ahorristas, que ahora están siendo descapitalizados a causa de este fenómeno. Esto, debido a que la inflación quitará a los ahorristas bolivianos la totalidad de los intereses ganados por sus depósitos el 2007, más la diferencia entre estos intereses y el nivel de inflación.
Para colmo, también están las otras medidas antiinflacionarias aprobadas por el Gobierno, que ahondaron la condición de ´paganini´ del pueblo boliviano. En efecto, junto a una serie de medidas destinadas a retirar el exceso de circulante de la economía, que se tomaron muy a destiempo, el Gobierno resolvió apreciar la moneda boliviana, castigando fuertemente a la producción nacional, la competitividad de la economía de Bolivia y los esfuerzos de los exportadores bolivianos por vender productos no tradicionales. Sin embargo, lo más grave de esta supuesta medida antiinflacionaria, es que ésta también recayó sobre los ahorristas bolivianos que, dependiendo cómo se efectúe el cálculo, habrían perdido hasta mil millones de bolivianos, a causa de esta apreciación cambiaria. Una cifra demasiado grande a pagar por los errores cometidos, al no poder controlar la inflación.
No contento con esto, el Gobierno lanzó una nueva medida antiinflacionaria, en la forma de impuesto encubierto del uno por ciento, que lo llamó tarifa, cuando técnicamente la tarifa es la retribución que se hace cuando se recibe a cambio un servicio público. Por otra parte, como comprenderá el lector, tampoco se trata de una comisión bancaria, que es el pago que se hace por recibir a cambio un servicio bancario; en este caso, el pago que se hace al banco o entidad financiera que envía la remesa (que incurre, por ejemplo, en gastos de comunicaciones) y, en ningún caso, a la que la recibe. Otra vez, los ´paganinis´ de estas equivocadas medidas son las pobres familias de los emigrantes, que recibirán sus ingresos mermados. Ni qué hablar de los obstáculos que esta medida imponen a la inversión externa, que Bolivia tanto la necesita.
Señores funcionarios y catedráticos del Gobierno, creo que ha llegado la hora de afinar los instrumentos técnicos, al mejor estilo de Paganini. Sólo así evitaremos que en el futuro el pueblo de Bolivia se convierta en el ´paganini´ de sus chambonadas económicas.
*Juan L. Cariaga es economista y escritor.
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