La clonación de orquídeas para hacerlas más resistentes, capaces de multiplicar su rendimiento, de ganar nuevos colores y otras ventajas que la planta silvestre no tiene, aporta a quienes desean dedicarse al comercio de los plantines. Así lo explica César Wenzel, que además ve en esta técnica una forma de proteger a la especie de la depredación.
Esto implica un trabajo dedicado en torno a las plantas, porque el auge de las orquídeas y el deseo de poseer una, lleva a la explotación de los lugares donde crecen de manera natural. Esto se ve en Concepción, donde hay indígenas que, conocedores del festival, ofrecen por las calles los plantines a 10 bolivianos.
Los organizadores del evento, la Alcaldía local y el Centro para la Participación y el Desarrollo Sostenible (Cepad), explican que han reunido a esta gente para explicarle que, de continuar arrancando las plantas de su hábitat en lugar de aprender a producirlas, va a llevar a su desaparición.
Oswaldo Parada, pionero en el cuidado de las orquídeas en Concepción, asegura que el propio festival, de a poco, va a lograr que se frene la actividad paralela. Por ello, él es el más optimista respecto a las posibilidades de la clonación. De hecho, ya ha instalado un laboratorio casero para comenzar a experimentar.
Wenzel, que exporta matrices de orquídeas de Brasil al mundo, está muy complacido de poder entregar herramientas a los bolivianos, de manera que en el país se mejoren las plantas en laboratorio y se comience a darlas a conocer en el exterior. Porque, si bien se ha despertado interés en Santa Cruz, “Bolivia no está en el mapa mundial de las orquídeas”, dice Wenzel. Lo bueno es que “se están dando los primeros pasos y su potencial es muy grande”.