Anoche, Carlos Valverde estuvo en la Feria del Libro de Cochabamba. La primera feria y, además, internacional; porque si algo es en la Llajta, de cajón es internacional. En realidad, él está todos los días parado en la esquina de un stand como afiche tamaño natural y pegado a un cartón que le debe provocar una hernia de disco, pero no se inmuta ni cambia esa media sonrisa que invita a la gente a leer un libro que trae entre manos. Hay que acercarse al figurín para ver que se trata de Andrea… porque una vez no basta, su novela erótica. Precisamente, porque verlo una vez no basta, anoche Valverde se descolgó de la foto y con Ricardo Serrano, su editor, se paseó por la feria antes de escribir dedicatorias en decenas de ejemplares de sus libros a una pléyade de collas que hacían cola para demostrarle admiración. Mientras eso sucedía, me preguntaba si sus dedicatorias eran también eróticas y meditaba sobre este atípico comportamiento k’ochala, generalmente desdeñoso y veleidoso con propios y forasteros. Y Valverde es camba, pero como pregona el gobierno: “Bolivia camb(i)a” y así las cosas anoche, para bien.
Más tarde, Valverde tomó lugar en la testera y conversó con la gente, mientras su afiche nos miraba de reojo. La conversa versó sobre literatura, que si el calor y el frío, más o menos erotismo, salpicado de sabrosas anécdotas sobre su abuelo; las preguntas eran antecedidas de elogios y felicitaciones y las respuestas acompañadas de aplausos de despedida. No faltó la inevitable interpelación sobre las autonomías y la unidad nacional, que fue respondida con la franqueza que caracteriza a este personaje mediático convertido en celebridad: “nunca prego- naré violencia”, dijo, con esa mirada que a ratos lo convierte en uno de esos solitarios personajes de película de Woddy Allen. Y solamente una vez dijo “cojudo”, tal vez porque se hallaba rodeado de collas solemnes o porque no estaba dentro de la caja del televisor: compleja figura pública que condensa la crítica política y la creación literaria y, en ambos campos, obtiene reconocimiento y credibilidad, respeto y veneración.
Porque la fama de Valverde empieza con su irrupción como figura mediática trastocando los parámetros de la opinión política con un aire fresco y renovado, y no es casual que ese estilo haya surgido cuando Carlos Mesa se desplaza de la pantalla chica a los laberintos del poder y el centralismo paceño es interpelado fuertemente desde Santa Cruz de la Sierra. Se trata, pues, de múltiples desplazamientos que configuraron un contexto propicio para las mutaciones y transformaciones que luego se condensaron en este “proceso de cambio” que nos llena de fatiga con su inevitable dosis de incertidumbre. Ante esta incertidumbre, la voz de Valverde pone los puntos sobre las íes y proporciona, sino certezas, algunas pistas para no perderse en el laberinto porque habla Sin Letra Chica y reparte a diestra y siniestra, a oficialismo y oposición, a moros y cristianos, ante los desvaríos de esta estúpida “guerra santa” que se avecina.
Sin embargo, anoche predominó el autor del afiche, el de “Andrea”, no el periodista de Sin Letra Chica; y también salió a relucir otra faceta de su personalidad, la del mal metafísico que parecía patrimonio de collas, cuando dijo que era “un triste, un tristísimo hincha de Oriente Petrolero” y todos le creímos. Sobre todo nosotros, los auroristas.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
Vecinos invasores
Mientras pasaba en minibús por el Puente de las Américas, escuché a una niña preguntar a su madre si lo que veía en su frente era el Illimani
Muchos inteligentes...
Y entonces, la próxima movilización será de prostitutas desnudas, bloqueando calles con sus atributos, buenos o malos, y amenazando con prestar sus servicios sin control sanitario ni condones para que los “padres de familia” de El Alto
La segunda invasión cubana
Queda en evidencia el rasero sesgado con que se mide en el régimen de Evo Morales, cuando se revisan noticias y sus reverberos en círculos oficialistas. Ahí está el rasgado de vestiduras del canciller Choquehuanca, fariseo (yatiri, en este caso)
Regulación y autonomías
La Comisión Política de la Asamblea Constituyente ha logrado acuerdos encaminados a la estructuración de un Estado en el que se reconocen autonomías departamentales, regionales o provinciales, municipales y comunitarias.