El fuego volvió a ser protagonista en la ciudad de El Alto, en el departamento de La Paz, Bolivia. A diferencia de octubre del 2003, los incendios de octubre del 2007 no tuvieron que ver con grupos organizados para tumbar a un Presidente de la República, sino para arremeter contra prostíbulos, bares y cantinas “que están destruyendo a la juventud alteña”, como informaron los medios de comunicación.
Una turba de vecinos convirtió en hogueras el mobiliario, cortinas, manteles, colchones, frazadas y otros enseres de varias decenas de locales en esa ciudad. De lejos, la Policía fue una mera espectadora de los hechos, superada en número por el enardecido gentío. Ahora bien, ¿serán suficientes estas peligrosas “cruzadas reactivas” para dar una solución de fondo al problema? No lo creo.
Sería bueno preguntarse más bien por qué proliferan la prostitución —incluso de menores—, la drogadicción, la delincuencia y el consumo de bebidas alcohólicas y las acciones violentas en el país. ¿No serán parte del problema la falta de ingresos para algunos y para otros, su exceso? ¿No tendrá que ver también con la permisividad de las autoridades y el relajamiento moral de la sociedad?
Siendo que estos problemas no son exclusivos de El Alto, sino que se están generalizando en todo el país, habría que indagar también en cuánto influye la carencia de empleo. Por la falta de trabajo, muchos padres han emigrado dejando a sus hijos en una virtual orfandad, al cuidado de hermanos, tíos, abuelos, incluso de vecinos, como “padres putativos”.
Por supuesto, ni parientes ni amigos sustituirán a cabalidad a los padres en el buen cuidado y educación de sus hijos. Para complicar más el asunto, ¿qué pasa cuando jóvenes y niños son dejados a su libre albedrío y tienen capacidad de gasto a partir del dinero enviado por sus afligidos padres desde el exterior?
El contar con dinero del que antes no disponían, sin un control de su tiempo, de sus amistades y de su educación, es parte de una dramática historia no contada que cientos de miles de niños y jóvenes viven a lo largo y ancho de toda Bolivia.
Con una creciente demanda por sexo, droga y alcohol, prolifera el negocio. En el primer caso, las penosas necesidades de quienes se ven forzadas a vender su cuerpo apuntan a satisfacer a los que se conforman con un “amor rentado”; en el segundo caso, la incrementada oferta del “contrabando de cocaína que llega desde el Perú a Bolivia” (¿?) encuentra, igual que el alcohol, una masa de jóvenes que en su vacuidad, quieren escapar de la amargura de su desesperanza hacia el futuro.
Por tanto, sin acciones de fondo por parte de las autoridades para solucionar esta problemática, fogatas como las de El Alto sólo encarecerán por un tiempo el negocio y añadirán una dosis más de adrenalina a sus desesperados usuarios.
*Gary A. Rodríguez A. es economista y gerente general del IBCE.
Bobarysmo intelectual
Últimamente casi todos los columnistas de los periódicos oficiales de circulación nacional han empezado a escribir críticas a las propuestas sobre el estado plurinacional, sociedad comunal, autonomías indígenas y la descolonización.
Derechos indígenas
La Organización de las Naciones Unidas ha emitido una declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Poca difusión y explicación se ha dado sobre la misma, en un país como Bolivia tan acostumbrado a prácticas racistas y discriminatorias.