Perú quedó ayer paralizado bajo una orden de inamovilidad que mantuvo en sus hogares a los ciudadanos del país andino para poder realizar un censo nacional de población y vivienda.
En un atípico domingo sin comercio, transporte ni fútbol, los aproximadamente 28 millones de peruanos no pudieron circular libremente ni realizar ninguna actividad fuera de sus hogares hasta las 18.00 (23.00 GMT).
La ordenanza fue emitida por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), cuyo jefe, Renán Quispe, consideró que es la manera más segura de empadronar a todos. Sólo se excluyeron los servicios de emergencia y de turismo; unas 270.000 personas fueron empadronadas de manera especial a lo largo de la semana y contaron con una autorización para movilizarse.
La respuesta de la población fue tal que el presidente, Alan García, dijo, en un comunicado a la nación, estar orgulloso “por la extraordinaria muestra de civismo del pueblo peruano”, y destacó “el orden y la disciplina” con la que se ha desarrollado el censo.
Sin embargo, la realización del censo, cuya actualización fue el 2005, desató polémica y críticas de los sectores, entre ellos de la Iglesia Católica y los evangélicos. Pero las más comunes fueron sobre el alcance de la orden de inamovilidad y las consecuencias de quebrantar la norma.
Más de 76.000 policías patrullaron para mantener el orden y proteger a los encuestadores en zonas peligrosas. Lima, EFE