La medicina nació con el hombre en su afán por conservar la vida y prolongar su bienestar. Antiguamente esta ciencia se practicaba como un arte donde solamente algunos dotados y elegidos por los dioses podían conseguir el don de curar a quienes ellos declaraban candidatos para seguir viviendo y negaban sus habilidades a quienes faltaban a las normas y la moral de la comunidad.
Las artes médicas, desde tiempos muy remotos se asociaron a las creencias religiosas cual si fueran tierra y luna; tanto en el nuevo como en el viejo mundo. De ahí que el oficio de producir cura alguna nunca fue cuestionada ni objetada por miles de años hasta llegar a los siglos XX y XXI.
Ahora sí, la medicina ha alcanzado niveles óptimos para convertirse en una ciencia basada en la evidencia, donde las investigaciones sobre enfermedades han llegado a su mejor momento; y donde las creencias y la fe se han roto para convertir a los pacientes en demandantes de resultados positivos.
La religión y la ciencia médica hoy en día se alejan cada vez más y se ubican en polos diferentes. La primera es la que pide a un ser supremo, “hacedor del universo”, que las enfermedades desaparezcan y/o la cura llegue de forma rápida y espontánea a toda la humanidad. Y la segunda es la que cuestiona al medio ambiente como principal sospechoso de los mayores males que aquejan a nuestra población.
Las creencias en el pasado eran quizás mucho más fuertes que lo que un hombre llamado “médico” podía hacer con su paciente, mientras que hoy se exige que ese galeno practique el arte de curar como lo dicen los libros y las nuevas investigaciones y con ello demuestre resultados excelentes esperados.
Es apasionante saber hasta dónde hemos llegado en la ciencia médica, pero más interesante es ver que cuando todos los esfuerzos se han realizado para salvar vidas y no se ha podido llegar a un buen fin, el ser humano vuelve a recordar su pasado y a sus ancestros, retomando súplicas de misericordia y milagros a un Dios que cada vez es más distinto para unos y para otros.
Dejo el tema a su opinión, sin embargo creo que la fe debe permanecer como una sólida fusión entre la ciencia “arte” y la creencia religiosa “poder”, para así conjugar el poder del espíritu humano y el arte de las manos médicas con el único fin de salvar al prójimo.
La fe es lo último que se pierde y en ningún momento ésta debe abandonar el cuerpo del enfermo ni del médico, porque es una de las pocas virtudes humanas que nos diferencian de otras especies y nos hace más proclives a sentir esperanza entre unos y otros.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra.
Ni tanto ni tan poco
No se sabe si la Asamblea concluirá en una confrontación mayor a la que se intentó evitar con ella, si será pre Constituyente, si habrá una nueva Constitución o si, habiéndola, la población la rechace al votar en el referéndum aprobatorio.
¿Dónde queda la gobernabilidad?
Todo ciudadano bien nacido desea que en el país reine un mínimo de lo que llamamos gobernabilidad. Concepto que desde hace tiempo se ha esfumado en la turbia humareda política. Sin pretender agotar el tema, me permitiré desgranar el choclo.
Divino, demasiado divino
En su libro El nacimiento de Dios, Jean Bottéro advertía que en el estudio de las religiones era aconsejable un cierto grado de simpatía, sin por eso olvidar las reglas del análisis histórico.
La retoma de Viru Viru
La toma del aeropuerto cruceño de Viru Viru fue una más de las batallas entre el fracasado centralismo y las autonomías que vislumbra una Bolivia mejor. Hoy luchamos contra el centralismo del presidente Morales