Las actitudes de recelo frente a la visibilización indígena están ganando terreno. El pasado 14 de octubre, en este mismo medio —La Razón—, el periodista y columnista Humberto Vacaflor insinuaba que “las pretensiones hegemónicas aymaras” estarían produciendo unanimidades en contra de La Paz. Para evitarlo, sugiere que “la fórmula podría ser la que ha producido la República, los mestizos que ahora representan 64 por ciento de la población”.
Hay un evidente afán en sectores conservadores por mostrar que somos un país mestizo. Esto es altamente riesgoso. El mestizaje fracasó como proyecto de construcción de la nación boliviana, se utilizó para monopolizar el poder político y, sobre todo, despreció lo indígena con consecuencias nefastas: privilegios y valoración según el color de la piel y dominio de lenguas no indígenas.
La nueva Bolivia necesita de gente generosa en su mirada hacia nuestro pasado y dispuesta a encontrar su identidad en nuestra diversidad. No conviene como país que tengamos un amplio sector de bolivianos viviendo en incertidumbre, sin saber a dónde pertenecen, buscando adherirse a colectividades precarias.
Un cambio reciente del que poco se habla, es cómo los paceños se han encontrado consigo mismos después que Felipe Quispe el 2000 mostró la “otra Bolivia” resultante de la negación del indio. Hoy la ciudad de La Paz es un espacio de convivencia en la diversidad —incompleto cierto, pero muy valorable— donde lo indígena está dejando de ser marginal. Es un ejemplo que deberíamos tomar en todo el país.
Es cierto que los aymaras hemos reclamado con fuerza una Bolivia diferente. No sin razón. Desde luego que hay tentativas de negación del otro de grupos marginales. Pero la mayoría sentimos una mayor autoestima colectiva, lastimosamente mal interpretada como hegemonía aymara. El esfuerzo para aprovechar este cambio es aún muy pobre. Los indígenas estamos preocupados por aportar a repensar la nueva Bolivia, no estamos interesados en venganzas y más sangre.
A muchos nos hace falta abandonar esas actitudes de recelo, de exigencia del mestizaje de forma acrítica y los indígenas tenemos el reto de aportar a construir una nación con identidad propia.
*Gonzalo Colque es director regional de la Fundación Tierra.
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