Después de la Segunda Guerra Mundial, Argentina, con ayuda de algunos recién llegados, decide construir el mayor gasoducto del mundo para abastecer a Buenos Aires desde la Patagonia. Así, Argentina inicia su propia era del gas. Como primer paso se concentra en abastecer al consumidor doméstico. Su consumo estaba dedicado a la calefacción de las viviendas.
La proliferación del servicio de gas en Argentina se traduce en el desarrollo de la red de gas más extensa de la región. En los 1960 y 1970 el mundo empieza a concentrarse en desarrollar tecnologías para la producción de electricidad en base al gas natural. En los 80s se da un salto tecnológico con la aparición de las turbinas de ciclo combinado que aumenta la eficiencia al punto de convertir al gas en una alternativa capaz de competir con el carbón, el petróleo y la generación hidroeléctrica.
Argentina expande su producción de gas y toma ventaja de las nuevas tecnologías. Es así que hoy es el país de la región que más ha invertido en el gas natural. La mayor inversión en exploración y explotación, junto a su sólida red de distribución interna, convierte a Argentina en el abastecedor natural de la región.
Argentina, con sus gasoductos a Chile, mantiene su posición de principal exportador en la región, hasta que el ducto Bolivia-Brasil empieza a llenarse.
La devaluación del peso argentino el 2001, y la posterior pesificación del precio del gas, redujo el precio en casi 50 por ciento. El despegue de la economía argentina echa mano del nuevo precio y la demanda interna se dispara, mientras la inversión en nueva producción se estanca. La política argentina de abastecer primero a su mercado interno traslada el problema a Chile. Desde entonces, Chile ve caer sus importaciones de gas.
Sedienta de gas, Argentina se ve obligada a tocar las puertas de Bolivia, esta vez no sólo por la proximidad de los yacimientos, sino para tomar ventaja de las reservas descubiertas gracias al mercado de Brasil.
Durante las negociaciones del 2006, los negociadores bolivianos tenían dos posiciones: la primera, era igualar el precio de exportación a la Argentina a los 3,7 dólares por millón de BTU del Brasil; la segunda postura, era elevar el precio a 5,5 dólares por millón de BTU, en parte para mandar una señal a Brasil de que el precio barato del gas había acabado. La sugerencia de Bolivia para Argentina fue la de transferir la diferencia a Chile. Argentina acepta la propuesta de 5 dólares y se compromete a financiar la construcción de una planta de separación de gas en la frontera con Bolivia, por el 0,5 restante.
Argentina tiene comprometidas las reservas bolivianas, lo que falta es definir cómo se financiará el ducto. Este pequeño detalle pone en duda los plazos ya comprometidos por ambas partes, una duda sobre 22 millones adicionales de metros cúbicos día que deben empezar a ser bombeados en el 2011.
La prisa la pone la cláusula de deliver-or-pay y de take-or-pay. Lo que implica que si Argentina no recibe el gas boliviano, de todos modos deberá pagar por él. Y que Bolivia deberá pagar, con los precios acordados, si no lo entrega.
*César Santa Gadea y Pedro Vacaflor son economista y periodista, respectivamente.
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