Animales introducidos como la liebre europea, el jabalí, la abeja, el paiche, y plantas como el eucalipto amenazan la fauna y la flora nativa de Bolivia. Son la segunda causa de la pérdida de la biodiversidad.
Texto: Liliana Carrillo Valenzuela • Fotos: Ángel Illanes, Pedro Laguna, Miguel Carrasco, EFE y MCT
Llegan por aire, tierra y agua. Los primeros exploradores forman tropas y éstas, rápidamente, colonias que matan y toman posesión de un territorio ajeno en perjuicio de los habitantes nativos. Las especies exóticas invasoras (EEI) son las triunfadoras de una batalla por la supervivencia, en la que algunas plantas y animales se transforman en conquistadores de ecosistemas.
“Las especies invasoras son la segunda causa de pérdida de la biodiversidad en Bolivia”, alerta Óscar Carrasco Arias, licenciado en Biología y consultor de la Dirección General de Biodiversidad y Áreas Protegidas. No poca cosa, pues plantas y animales foráneos tienden a modificar hábitats ocasionando, incluso, la extinción de especies endémicas, con los consiguientes daños económicos y socioculturales para el hombre.
“Aunque no disponemos de la información suficiente podemos considerar que hay al menos una decena de especies invasoras en Bolivia”, explica Adriana Rico Cernohorska, doctora en Ecología e investigadora del Centro de Análisis Espacial de la UMSA, que actualmente es Líder de la Red sobre Especies Invasoras (I3N).
Invasores, los más recios
En 1886, tres docenas de ejemplares liebres europeas (Lepus europaeus) fueron exportadas desde Alemania hasta una finca en Argentina. En 1890 se reportó que tres habían huido. Fue suficiente. Un siglo después, el roedor había invadido Chile, Uruguay y Paraguay y ya se evidenciaba su presencia en el sur de Bolivia. En los años 90 hubo denuncias de plantaciones devastadas por la liebre en los valles bolivianos y, el 2006, se hallaron ejemplares en el parque Madidi, del norte de La Paz.
El Convenio Internacional sobre la Diversidad Biológica define una Especie Exótica Invasora (EEI) como “aquella introducida que prospera sin ayuda directa del ser humano y amenaza a hábitats naturales o seminaturales fuera de su área natural de distribución”. La liebre europea es un claro representante de las invasoras. El adjetivo “exótico”, en términos científicos, hace referencia solamente a su origen extranjero.
Deliberada fue la introducción de la liebre europea en Sudamérica; sin embargo la huida del roedor y su conquista de territorios obedeció a una serie de características de las EEI. “Son especies generalistas (que se adaptan a cualquier hábitat), que se reproducen rápido; que son fuertes y depredadoras”, puntualiza la ecóloga Rico.
Las rutas del abordaje
“Caballos, mastodontes y bisontes llegaron desde Siberia a América a través del estrecho de Bering, siguiendo probablemente la misma ruta que nuestros antepasados humanos. El movimiento de las especies ha sido uno de los fenómenos que moldearon la historia de la vida en la Tierra”, explica el biólogo argentino Sergio Zalba en el libro El creciente peligro de las especies exóticas invasoras.
Con la Colonia llegaron perros y gatos, entre otros, que lograron adaptarse y hoy son “especies establecidas”. El peligro radica en la movilidad de plantas o animales ajenos “que pueden traer consigo pestes, enfermedades o hábitos que modifiquen los ecosistemas propios”, según Óscar Carrasco.
El hombre juega un papel fundamental en este proceso. “Algunas especies son traídas con intenciones comerciales pero otras huyen de hábitats devastados y mediante caminos construidos por el ser humano”, dice Rico.
Camuflados, huyendo de jaulas, buscando alimento, al menos una decena de animales y plantas se posesiona de hábitats bolivianos. Estos son algunos de los invasores.
Fugitivos en el Titicaca
En los años 40 del siglo pasado, se instalaron criaderos de truchas en el lago Titicaca con el objetivo de mejorar la industria piscícola. La calidad de la carne de las especies europeas Onchorhynchus mykiss (trucha arco iris) y Onchorhynchus aguabonita (trucha dorada) consolidó el mercado; sin embargo algunos ejemplares escaparon y, libres en el lago, se alimentaron de especies nativas de orestias como el mauri, el suchi y el ispi.
El remedio fue peor que la enfermedad. En los años 60, se introdujo desde Argentina colonias de pejerrey (Odontesthes bonariensis). “Se esperaba que se coman los alevinos (crías) de trucha; sin embargo acabaron devastando también orestias”, explica Rico. El resultado es que ahora, la trucha y el pejerrey, prácticamente han eliminado a los peces nativos.
En los últimos años, del Perú llega otra amenaza: el paiche (Arapaima gigas), un pez grande y carnívoro de origen europeo, que ha escapado de los criaderos vecinos y ha logrado entrar a la cuenca del río Madre de Dios y de allí al Mamoré y al Beni. “Se está comiendo todo y sigue avanzando”.
Plaga con colmillos
El 2005, la población del Pantanal (Santa Cruz) se sorprendió con la presencia de raros marranos, agresivos y de grandes colmillos. Eran jabalíes o cerdos cimarrones (Sus scrofa), una especie originalmente africana que fue introducida a Argentina en 1906 y que en países vecinos es considerada como plaga.
“En una época el jabalí fue domesticado, pero volvió a la vida silvestre. Es muy perjudicial pues come vegetales, frutas, invertebrados y hasta pequeños mamíferos, en tal cantidad que quitan alimento a toda la fauna. Además, sus pezuñas destruyen el suelo, volviéndolo infértil para cultivos”, informa Adriana Rico.
Abejas poco dulces
La abeja melífera (Apis mellifera) llegó de Europa a principios de 1900 con la intención de aprovechar su miel; sin embargo este insecto concentra el alimento en colonias e impide el desarrollo de otras especies. “Es muy posible que también haya abejas africanas, que han llegado hasta EEUU”, comenta la líder de la red l3N.
Las abejas africanizadas, o abejas asesinas, surgieron en Brasil en la década del 50, del cruce de una variedad europea y otra africana. Su picadura es mortal.
Plantas devastadoras
Considerado un símbolo de La Paz, el arbusto de la retama (Spartium junceum) es de origen español. Desde su introducción en 1800, no sólo se ha consolidado en urbes, sino que se ha extendido a bosques talados y montes. El problema es que tiende a formar matorrales impenetrables que desplazan a la población nativa. Además, su follaje es tóxico para varias especies silvestres.
Popular en toda Sudamérica, el árbol de eucalipto (Eucalyptus) ha perfeccionado sus tácticas invasoras. Primero, emana una resina alepática que cae y mata a todo bajo su sombra. A ello suma su capacidad para absorber toda el agua del terreno a sus pies; creando desiertos donde sólo él reina.
Recientemente, por el auge por los biocombustibles, se exporta la palma africana (Elaeis guineensis), especie que ha provocado alarma en países vecinos debido a que desplaza a especies nativas.
Una red para atrapar invasores
¿Qué hacer ante esta invasión? “Evitar que las especies foráneas entren a biosistemas nacionales”, explica Rico. En este propósito Bolivia forma parte, desde agosto, del proyecto IABIN (Interamerican Biological Information Network) que organiza la Red de Información de especies invasoras (I3N).
“El primer paso es recopilar toda la información y compararla con la de otros países”, añade Rico. “Con estos insumos se podrá coordinar acciones con municipios para desarrollar una estrategia”, informa Carrasco, vocero del Viceministerio de Biodiversidad, que articula el proyecto con instituciones científicas de todo el país.
Y hasta que esto suceda, silenciosas, fuertes y camufladas, las invasoras no cesan en su conquista de nuevos territorios. Por ello, para los especialistas, “toda especie foránea es culpable hasta que se pruebe lo contrario”.
PALOMAS Y RATAS
La paloma común (Columba livia) y la rata (Rattus rattus) comparten el triste título de ser los animales exóticos invasores más extendidos en el mundo. Llegaron al continente americano desde Europa durante la colonia y rápidamente se posesionaron en áreas urbanas y rurales.
La paloma se concentra en ciudades y se reproduce fácilmente debido a su adaptabilidad. Tiende a acaparar el alimento en detrimento de otras especies y causa daños a monumentos debido a que sus excrementos son corrosivos. A ello, se suma la amenaza que representa para el ser humano pues produce enfermedades como la histoplasmosis. En los últimos años, la paloma ha comenzado a emigrar al campo y allí su presencia es fatal para otras aves que no pueden competir por alimento.
Las ratas son una plaga milenaria y las peligrosas transmisoras de la peste bubónica. En la ciudad han causado declive de algunas especies al alimentarse de ellas o privarles de alimento. Las ratas urbanas potencian su carácter perjudicial al migrar al campo, donde contaminan cosechas y causan la muerte de ratones y otros roedores.