A fines de los años 80, cuando la violencia política del Perú parecía ser un dilema irresoluble, leí un artículo de un sociólogo que, si mal no recuerdo, se apellidaba Degregori, titulado ´El difícil oficio de ser Dios´ o algo así. (El lector tendrá que disculparme, pero me temo que perdí la fotocopia en alguna parte). Su explicación del surgimiento de Sendero Luminoso me impresionó hasta hoy. Las filas de este grupo no estaban compuestas de campesinos, sino por sus hijos, que habían emigrado a las ciudades y adquirido una cierta educación. Al viajar a los pueblos y ciudades de la sierra peruana, rompían con los valores tradicionales que habían respetado sus padres y en su lugar aparecía una suerte de cráter: un vacío de identidad y referencias. En estas condiciones, el marxismo rudimentario que pregonaban en universidades y escuelas los fanáticos como Abimael Guzmán representaba para ellos una panacea: les permitía entender el mundo moderno que los hostigaba y ponía a un lado, y entenderlo de una manera definitiva. Descubrían entonces que, tal como siempre habían sospechado, todo a su alrededor se pudría y caía a pedazos, pero que ellos mismos eran puros. A partir de este momento, su causa quedaba marcada: sería la imposición de su propia pureza sobre el mundo corrompido que los había rechazado, y que ahora era preciso escarmentar y purgar.
Las resonancias religiosas de este pensamiento son evidentes. Fue una religión del odio que tuvo en Guzmán, el ´presidente Gonzalo´, a su Mesías. La ´Cuarta Espada´ del marxismo, como cuenta Santiago Roncagliolo en un libro que acaba de aparecer, fustigaba desde las sombras de su escritorio a sus sacerdotes armados y les exigía más y más sacrificios humanos, como si fuera una divinidad primitiva sedienta de sangre. La aniquilación de los enemigos (es decir, de todos los seres humanos excepto los miembros leales del Partido Comunista) y la destrucción del Perú le parecían ´históricamente necesarias´ para arribar a la sociedad perfecta en la que la población viviría, con plena dicha, de acuerdo con las opiniones, costumbres y hasta ‘rarezas de ´la Jefatura´.
Sendero Luminoso fue una expresión extrema de un fenómeno que sigue asolando la política moderna: la fe en una idea llevada al punto de negar toda posibilidad de disentir de ella y de justificar cualquier medio para realizarla, en especial la entrega de la propia vida. La falta de escepticismo. La aversión a la democracia.
Guzmán está en la cárcel y acabado. El Perú ha despertado de la pesadilla. Pero los fanáticos siguen en las calles, allí y aquí. Y en todas partes los dogmas todavía gozan de buena salud. El libro de Roncagliolo, cautivante de principio a fin, nos recuerda por qué debemos luchar contra ellos.
*Fernando Molina es periodista y escritor.
Sexo, mentiras y videos
La televisión dejó por un momento, en sus noticieros centrales, su monotemática obsesión por la política para brindarnos unos minutos deliciosos de leyenda urbana, dignos de figurar en cualquier antología sobre el asunto.
Reivindicación del orgullo boliviano
A pocas horas de que la selección de fútbol sufriera una humillante derrota en Montevideo, el Coro y Orquesta de San Ignacio de Moxos (Beni) reivindicó el orgullo boliviano,