En varios países de América y Europa se practica, desde hace tiempo, la separación y el reciclaje de residuos, como un medio de proteger la biodiversidad, recuperar parte de los costos, impulsar ciertos procesos de industrialización y crear muchos puestos de trabajo.
En Bolivia poco o nada de esto se hace, pese a que varios órganos de prensa realizaron campañas al respecto. La iniciativa la deben aplicar los municipios, porque son los indicados en hacer recoger la basura, no siempre para obtener esos beneficios, sino realizar un esfuerzo adicional, en el marco de la obligación que tienen de mejorar la limpieza de las vías públicas.
La ciudad de Santa Cruz tomó la delantera, como lo hace en varios otros campos. Utiliza recipientes para separar la basura propiamente dicha, los vidrios y los plásticos. La población está ya acostumbrada a cumplir la tarea y, de esta manera, su aporte a la buena conservación del medio ambiente es muy plausible. En el mundo entero se sabe que, en particular, los plásticos están causando daños de extrema gravedad a la tierra, porque no se degradan fácilmente, tienen la característica de conservarse por más de 100 años, afectando al humus que fertiliza. Ocasionan así la sequía en los suelos, con su secuela de desertificación. En La Paz siquiera debería empezar a dejarse de usar las bolsas plásticas, las que se han convertido en un recurso generalizado en las tiendas y, con mayor intensidad, en los mercados, supermercados y farmacias. El Concejo Municipal tendría que reglamentar la forma en que deben manejarse los residuos, disponiendo incluso las sanciones del caso. Sólo así la gente puede cuidar su propio medio ambiente. Con simples campañas publicitarias la intención puede fracasar.