Una de las reformas neoliberales más importantes pero que pasó desapercibida, fue la ley 1670 del 31 de octubre de 1995 (Ley del Banco Central de Bolivia) que le otorga al ente emisor un alto grado de independencia. El ente emisor tiene el mandato legal claro de procurar mantener la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, que tiene la interpretación operativa de procurar mantener una tasa de inflación baja (aunque evitando la deflación, que es una inflación negativa). Para cumplir con su mandato, el BCB define y aplica las políticas monetarias y cambiarias necesarias, para lo que tiene amplias competencias. Como contraparte, el BCB tiene obligaciones de responsabilidad y de transparencia, mayores que las que se aplican al resto del sector público. En particular, el BCB es responsable de los desvíos de la inflación.
La política monetaria necesita lo que se llama en términos técnicos, un ancla nominal, es decir una restricción sobre el valor del dinero nacional. Esto quiere decir que el Banco Central no puede emitir sin límites ni aplicar otras políticas expansivas bajo riesgo de violar su ancla nominal o restricción. El ancla nominal sirve también para guiar a las expectativas de inflación.
Durante mucho tiempo, el ancla nominal ha sido el tipo de cambio. Cualquier exceso en la emisión de moneda nacional se traducía en pérdidas de reservas internacionales netas y en consecuentes presiones de devaluación del tipo de cambio. Cuando surgían estas presiones, la autoridad monetaria tenía que tomar rápidamente medidas correctivas. Para el público, devaluación era sinónimo de inflación, aunque luego de la devaluación brasileña de enero de 1999, el Banco Central, en parte para contener el riesgo de deflación para la economía nacional, se vio obligado a devaluar más rápidamente sin que esto afectara a la inflación.
El sistema cambiario heredado del DS 21060, cuyo instrumento principal de intervención en el mercado de venta de divisas es el Bolsín, era tipo de cambio fijo deslizante, es decir un sistema de tipo de cambio que por lo esencial es determinado por la autoridad monetaria pero reajustable con alta frecuencia. El sistema cambiario anterior funcionó bien hasta mediados del 2004. Desde entonces, debido a los altos superávit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos, el sistema comenzó a perder eficacia y el tipo de cambio dejó de ser el ancla o referente. Dado el nuevo contexto que se ha creado, lo importante es convencer al público que su Banco Central tomará todas las medidas a su alcance para tratar de controlar la inflación. Es este convencimiento el que fija las expectativas de inflación que tienen un papel central. Si el público está convencido de que el Banco Central actuará rápida y decididamente, no tratará de adelantarse con los precios ni adoptará comportamientos especulativos, sea para defenderse de la inflación o para ganar con ella. Ahora, más que nunca, “el valor del dinero depende de la confianza en el Banco Central”, como nos dice Domingo Maza Zavala, ex director del Banco Central de Venezuela. La independencia del Banco Central ancla las expectativas.
El Banco Central tiene que ganar centímetro por centímetro su credibilidad, tomando las medidas requeridas y haciendo conocer oportunamente la intención de sus políticas, sin tratar de engañar al público con anuncios que no son correctos. Una buena información al público por el Banco Central sobre sus acciones e intenciones incrementa la efectividad de la política de control de la inflación. Siempre habrá un margen de error en los pronósticos de inflación, pero le corresponde al Banco Central efectuar las mejores proyecciones, dadas la tecnología y la información existentes. En parte, la credibilidad del Banco Central se asentará en la precisión de sus pronósticos. En el público debe haber también la percepción de que el Banco está completamente libre de interferencias políticas.
*Juan Antonio Morales es doctor en Economía, docente universitario y fue presidente del BCB.
De primera dama a Presidenta
Desde niña fue líder de su vecindad. Se gradúa como abogada y poco después se afilia al justicialismo y de ahí para adelante inicia una carrera política que la condujo a ser diputada provincial por Santa Cruz y después al Congreso Nacional como diputada y senadora.
Atropello a la Academia de Ciencias
“Las Academias promueven y orienten las investigaciones individuales y colectivas... De modo que cualquier injerencia exterior es nula”.
No más bravuconadas
Una cosa es ser bravo, es decir, valiente, feroz. Otra es ser bravucón: aparentemente bravo, intimidador. Los bolivianos somos bravucones. Nos encanta anunciar que iremos “hasta las últimas consecuencias” y a la primera de cambio nos rajamos.
Gas, estima y luminosidad
El Evo de hoy no tiene competidores. No es de esperar que busque una sucesión generacional para madurar la izquierda...