Jorge Siles Salinas es de esas personas que no pasan por la vida en vano. Su legado es excepcional. Es, sin duda, el mayor representante de la intelectualidad boliviana de los tiempos actuales.
En días pasados fue galardonado con el “Premio Club de La Paz a la Cultura”, que tiene un valor trascendental porque fue dado por unanimidad por las academias de la Lengua, Historia y de Ciencias. Hace un par de años, también fue distinguido con el “Premio Nacional de Cultura”. Ahora sería justo y merecido que el Gobierno le otorgue el “Cóndor de los Andes”, por su enorme aporte a la cultura y a las letras.
Jorge Siles fue discípulo de los ensayistas de la generación del 98 como Unamunu, Ortega y Gasset y Morante. Es un hombre múltiple. Su producción intelectual es inmensa, la cual trasciende nuestras fronteras que lo ha hecho ciudadano del mundo, un hombre universal. Es en esencia un humanista, un pensador. Es escritor, literato, historiador, docente universitario, embajador y un católico practicante. Es autor de obras que han marcado hitos como La aventura y el orden; Lecciones de la una revolución; tres tomos de Política y Espíritu; Ante la historia y una serie de otros libros.
Es de familia de presidentes. Su padre y sus dos hermanos fueron primeros mandatarios de Bolivia. También sufrió el exilio. Se distingue por ser modelo único del laicado boliviano, porque siempre ha comprometido sus escritos con la Iglesia Católica.
En su discurso de agradecimiento cuando la premiación, expresó su lúcido pensamiento y demostró su amplio conocimiento de la cultura y las civilizaciones universales. Hizo referencia a que el gran aporte de América Latina a Occidente, tras la colonización, fue el mestizaje, lo que sitúa a Latinoamérica como parte de Occidente, una de las cinco civilizaciones que mencionan Toynbee y Huntington. También aseguró que el sincretismo religioso —que fue clave para apaciguar la ocupación— aportó a las artes.
Afirmó que cuando los españoles conquistaron América se encontraron con culturas avanzadas, no así los ingleses, que se toparon con tribus salvajes, lo cual nos sitúa en un estado superior.
Hizo alusión a que el indigenismo revolucionario pretende aniquilar 500 años de historia y sustituirlos por formas de cultura y culto ancestrales donde pretenden imponer la “cosmogonía andina” en reemplazo de la cristiandad que ha perdurado durante 2.000 años, lo cual personalmente considero un absurdo.
Ellos afirman que las estrellas, las plantas y los animales tienen más valor que el hombre. Los indígenas caen en un animismo religioso primitivo que está en total contraposición al humanismo occidental y al mundo civilizado que, más bien, va en camino a la modernidad, a la globalización.
Según el cristianismo, el hombre fue creado “a imagen y semejanza de Dios”, dotado de razón y del don supremo del alma, destinada a la inmortalidad, lo cual es cierto. El hombre es el centro del universo. La trascendente obra de Jorge Siles permanecerá en el tiempo.
*Verónica Ormachea G. es periodista y escritora.
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