Aunque la creencia del común de la gente es que las almas vienen del cielo y retornan a él, en la cultura andina se cree que éstas descansan en un lugar especial denominado wiñay marka, qhorykancha o waca.
“En la cultura andina no se cree en la muerte, sino en el alejamiento de la persona a un pueblo eterno, que se llama wiñay marka”, sostiene el antropólogo Juan Ángel Yujra, quien asegura que una vez al año, los que se fueron, “regresan a ver cómo están la casa y sus seres queridos”.
De igual manera, el sociólogo Fernando Huanacuni señala que la cosmovisión andina es una cultura de vida y no de muerte. “Venimos de alguna parte y vamos a alguna parte, nos alejamos del hogar por temporadas”.
Para los andinos, la fiesta de difuntos comienza el primero de noviembre y concluye el 30. El aya marka quilla, como se llama, dura los 30 días y según el antropólogo Wilfredo Camacho, los difuntos tienen todo un mes para compartir en la casa, en el campo, con el arado, “si son muy bien atendidos pueden retribuir la atención. Si los han hecho comer bien mandan bendiciones traducidas en lluvias, para que su familia pueda tener una buena producción de la tierra“.
Cuando se alejan de los vivos, “las almas, se van al qhorykancha o waca, un lugar sagrado, al que tardan en llegar tres años, la primera vez que lo visitan. En ese lugar se reencarnan en apus o achachilas, que son los dioses que nos protegen”. El antropólogo dice que “se convierten en cerros, en agua, en naturaleza”.
Su retorno tiene el objetivo de reabastecerse de alimentos, agua y todo lo que necesita, “se carga de energía para luego irse”
Estas costumbres están ligadas a los calendarios agrícolas.