Santiago de Chile. El octavo Foro Iberoamérica que acaba de terminar en esta ciudad me permitió comprobar que Bolivia sigue de moda en el exterior, aunque ha perdido, respecto de hace un año, gran parte del encanto, además de la esperanza que entonces tenía. Ha pasado de ser el país de las sorpresas y de las ilusiones a ser el país de las dudas y los temores.
De todos modos, en esta clase de reuniones internacionales da la impresión de que casi todos los temas que tratan las personalidades convocadas fueran alusiones a Bolivia. Luego uno aprende que quizá es más la susceptibilidad de boliviano la que cree encontrar estas alusiones en casi todos los temas, que las alusiones en sí.
Carlos Fuentes dijo esta vez, citando a Fernando Henrique Cardozo, que en nuestra región habría que cuidarse de las “utopías regresivas”. En este caso sí que la alusión era directa. Era inevitable pensar en toda la corriente aymarista que propone no solamente la división del país en unas tres docenas de naciones, sino en sus propuestas de que los bolivianos apliquemos los principios de la economía comunitaria, como lo recordaron dos representantes de esta corriente en artículos referidos a esta columna hace pocos días. Esos pensadores proponen que Bolivia, siguiendo a los aymaras, regrese 500 años hacia el pasado, en lugar de avanzar en la creación de la nación boliviana, de la que los mestizos son su mejor expresión y representan a 64 por ciento de la población.
Y a propósito de esto, una pregunta que planteó Ricardo Lagos en el foro: ¿cómo ser independiente en un mundo cada vez más interdependiente? Era en alusión a que, para progresar, para hacerse una potencia económica mundial, España tuvo que entrar al mundo real, al mundo globalizado, y para ello debió cruzar los Pirineos e integrarse a Europa. Los Pirineos que deberemos cruzar los latinoamericanos están formados sobre todo por esas utopías regresivas que proponen borrar 500 años de historia. Retroceder medio milenio no es una propuesta muy tentadora.
Otras alusiones a Bolivia. Felipe González dijo que los gobiernos necesitan una legitimación de origen que sea confirmada por una legitimación de gestión. Es decir que puedes haber tenido muchos votos, pero que si tu gestión de gobierno es deficiente, eres un fracaso. Se necesita un “Estado Ipanema”, es decir un cuerpo perfecto, al que no se le vea ningún rollo pero tampoco ningún hueso, como los cuerpos que se ven en Ipanema. La política, dijo, es el arte de gobernar el espacio público que compartimos. Y la democracia es la aceptabilidad de la derrota.
Michele Bachelet: los gobiernos no solamente tienen que pensar en el “input”, sino también en el “output”. Traducido por Carlos Fuentes: “muy linda la democracia; ¿cuándo comemos?” O dicho en inglés por Pedro Pablo Kucinsky, ex primer ministro peruano: “La democracia tiene que deliver”, es decir tiene que producir beneficios y entregarlos a la gente. Y Felipe González: “Muy linda la democracia. ¿Y de lo mío, qué?”
O la frase de Domingo Faustino Sarmiento recordada por un argentino: “Hay que educar al soberano. Si no lo educas por caridad, por lo menos hazlo por miedo”. Esto sí que fue estremecedor. Hay que educar al soberano.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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