“Conozco a dos hermanos, de 12 y 14 años de edad. Los padres viven en España y los niños están con sus tíos. Si bien los tíos tienen cierto grado de control sobre ellos, los adolescentes prácticamente se atienden solos. Deciden a qué hora dormir, a qué hora levantarse y comer. Sólo comparten el almuerzo con sus tíos, después desayunan, toman té y cenan solos. El varón, que es el mayor, siempre llega una hora tarde al colegio porque no hay nadie que lo despierte y le diga que debe ir a estudiar. Él es muy inteligente, pero no hay quién esté a su lado y lo oriente o controle si hizo las tareas o no. En la menor, de 12 años, se nota una recarga emocional muy fuerte; al parecer ella, más que el muchacho, denota la ausencia de la mamá porque busca consuelo en las profesoras mujeres, aunque no sean sus maestras en el aula: las abraza y se cobija en sus brazos. La niña tiene notas muy bajas, en muy pocos casos supera el 36 y tiene entre seis y siete aplazos por trimestre, y está por perder el año escolar. Preocupados por su situación, enviamos a sus tíos una nota, pero nunca responden, nunca están en su casa y tampoco van al colegio. Los niños están viviendo una vida de adultos, pero no les falta comida, techo y ropa”.
“Sólo le importaba la remesa”
NILKA JIMÉNEZ. Defensoría de la Niñez de El Alto.
“Esta es la historia de dos niñas cuyos padres migraron y se tuvieron que quedar con una familiar lejana. El papá y la mamá de las pequeñas dejaron el país en busca de trabajo en España. Según la información que registramos en la Defensoría, el padre solía enviar a la mujer, que se comprometió a cuidar a los dos hermanitas, una remesa de Bs 300 al mes. Este monto de asistencia familiar debería cubrir los gastos de comida, ropa, techo y educación, pero al margen de esto también le enviaba $us 100 sólo por el hecho de cuidarlas. En ningún caso se denunció que esta mujer ejerciera algún tipo de violencia sobre las pequeñas, pero debido a su negligencia, una de ellas enfermó severamente y fue a parar al hospital. Las niñas se habían quedado con esta familiar, que era muy lejana y prácticamente desconocida para ellas, y obviamente sólo el interés económico primaba ahí, considerando que la mujer recibía una paga mensual por atenderlas”.
Sobre otros casos, Jiménez señaló que ciertos niños “reciben maltrato y a veces no reciben las remesas que sus padres les mandan incluso se ha sabido que son explotados en sus propias casas”.
“Abusó sexualmente de sus 3 hijos”
LA RAZÓN. Caso publicado el 12 de octubre de 2007.
Marco Antonio Gonzales Alarcón se quedó, en ausencia de su esposa que migró a Italia, a cargo de sus tres hijos: uno de 13, otro de seis y el último de cuatro años de edad. Pero lejos de darles cuidado y protección, el hombre abusó sexualmente de los tres pequeños en reiteradas oportunidades y los obligaba a ver la vejación. La madre de Gonzales y su concubina estaban enteradas del hecho, porque los niños se quejaban del asunto, pero ninguna los socorrió. Por el contrario, los forzaban a trabajar vendiendo api hasta las 3.00 y 4.00 de la madrugada. Según relataron los pequeños, su padre los encerraba en una habitación y abusaba sexualmente de cada uno en presencia de los otros dos. Este delito se produjo en Cochabamba y cuando fue público se supo que la madre había regresado de Italia hace siete meses para sentar la denuncia contra su esposo. Hasta hace dos semanas, los niños se encontraban en un centro sicológico, bajo custodia. El abogado de las víctimas, Gustavo Pantoja, señaló que Gonzales había declarado que era inocente y que pidió investigar “a otros hombres de mi familia porque no soy el único hombre”.