Cuando un pozo de crudo arde, se pierden millones de dólares por segundo y provoca una gran contaminación. Sólo un equipo de temerarios bomberos puede sofocar las gigantescas llamas.
Texto: Con datos de BBC, mundo.es y Ecopetrol • Fotos: AFP e internet
Murieron 167 personas. La plataforma de Piper Alpha en el Mar del Norte, ubicado en el océano Atlántico, arde aún en llamas. El fuego devora sin clemencia cada centímetro del pozo petrolero que ha quedado en ruinas. Las pérdidas millonarias son incontables para la compañía Occidental Petroleum. Una fuga de gas encendió la mecha y apenas 73 trabajadores sobrevivieron aquel 6 de julio de 1988.
El 10 de octubre de este año, 10 personas fallecieron de las 81 que quedaron a la deriva tras una colisión de dos plataformas, que ocasionó una fuga de hidrocarburos en la Sonda de Campeche, a 75 kilómetros de la Ciudad del Carmen y a 32 kilómetros del puerto de Dos Bocas en México. El escape no pudo ser controlado y arrojó grandes cantidades de aceite y gas al océano Pacífico.
El 15 de agosto del 2003, cinco pozos petroleros fueron dinamitados en Putumayo (Colombia) y, como en los dos anteriores casos, el crudo salió a borbotones con fumarolas de hasta 10 metros de altura. La brea negra y burbujeante sepultó cualquier vestigio de vegetación en más de 300 metros cuadrados que circundan el pozo.
En las tres situaciones, sólo un grupo de temerarios bomberos especializados en desastres de gran magnitud fue capaz de apagar las llamas. Las petroleras pierden miles de dólares y debieron someterse a las condiciones que imponen ellos, que facturan millones por exponer su vida segundo a segundo.
En Estados Unidos, uno de los equipos más prestigiosos es el de Los Diablos Rojos o Red Adair. El 2003, en Colombia, Los Diablos Rojos atacaron el fuego desde el aire con una grúa hidráulica para despejar la boca del pozo mientras otros hombres contraatacaron desde abajo a la llama descubierta.
Para controlar un pozo incendiado, según los técnicos, se necesita inyectar agua con unas bombas gigantes, que permiten vencer la fuerza natural con que los hidrocarburos emergen a la superficie. Si ello no fuera suficiente, es necesario recurrir a una explosión controlada que quite oxígeno al pozo y así ahogar el incendio.
La mayoría de las veces, el crudo esparcido en el suelo aún arde a altas temperaturas. Es casi apagar un volcán en plena erupción.
El aliado del diablo
El fundador de Red Adair, Paul Adair, es considerado en el mundo como el mejor bombero de toda la historia. Armado de barro y cemento, Paul extinguió 2.000 incendios durante 70 de sus 89 años.
“Tengo un pacto con el diablo”, sostuvo una vez. “Me ha dicho que cuando vaya con él me pondrá una sala con aire acondicionado, con tal de que no le apague todos los fuegos que él tiene”.
Él hizo de un sueño la pasión de su vida. Durante la primera mitad del siglo XX, la mayoría de los niños estadounidenses soñaban con ser bomberos. “Sólo que él convirtió su sueño en un impulso que lo arrastró durante casi toda su vida”, resumió una vez su hija, Robyn Adair, al evocar la imagen de su padre. Nacido en Houston (Texas), Estados Unidos, el 18 de junio de 1915, “Red” Adair dejó los estudios para trabajar como jornalero, primero en el sistema de trenes y luego en el área rural. A sus 20 años se asoció con Myron Kinlei, un famoso y experto bombero petrolero. 14 años más tarde montó su propia compañía. La técnica de Adair para sofocar las llamas consistió en utilizar explosivos, barro y concreto para apagar un pozo.
Tras la Guerra del Golfo, en 1991, fue propuesto al pabellón de héroes americanos tras extinguir en el tiempo récord de nueve meses los 117 pozos petrolíferos que había dejado ardiendo el ejército de Saddam Hussein en Kuwait.
Con la cara de John Wayne
En 1968, las hazañas de Adair sirvieron de inspiración para la película “The Hellfighters”, en la que fue interpretado por el reconocido actor John Wayne. El proyecto fílmico había surgido cuando en 1962, Paul dominó una gran brasa en un campo de gas del Sahara.
“¿Miedo yo? En todo caso, respeto”, reconoció cuando le propusieron enseñarle sus trucos a Wayne, el único que brillaba a su imponente altura de casi dos metros: “Es uno de los mayores honores que le pueden caer a nadie: que ‘El Duque’ interprete tu papel”.
Ganadas ya todas las medallas, “Red” Adair se mantuvo hiperactivo hasta los 80 años. El 7 de agosto del 2004, “El domador de infiernos” murió a la edad de 89 años, con su incombustible buen humor y con un coraje a prueba de incendios que le ha perseguido hasta su lecho de muerte en Houston, donde se extinguió como una llama por achaques de la edad. Sin embargo, su figura aún pervivirá mientras se escuche el grito de “¡Fuego!”.