Un ingeniero boliviano diseñó las primeras frazadas eléctricas del país. El objetivo ahora es exportar el producto a los países de la región.
Texto: Redacción • Fotos: Nicolás Quinteros
La guerra contra una enfermedad mortal fue la causante de la invención de la primera frazada termostática de la historia. Corría la primera década del siglo XX y en los hospitales estadounidenses los galenos buscaban afanosamente mitigar el avance de la tuberculosis dentro de los nosocomios.
El dilema de cómo mantener las ventanas abiertas —para evitar el contagio a otros internos— manteniendo estable la temperatura del cuerpo de los tuberculosos fue resuelto por Simon Russell, quien instaló dentro de una cobija un entramado de conexiones eléctricas cuyo objetivo era el de generar calor. Nacía así la frazada eléctrica.
Esta historia revolotea constantemente en la cabeza de Marco Antonio Cardona, un ingeniero boliviano que se ha propuesto producir en el país estas mantas a corriente, que durante los años 50 dejaron las salas de los hospitales para instalarse en los hogares.
El proyecto de este profesional fue pensado en primera instancia por su padre, Salomón Cardona, quien lanzó el reto de desarrollar productos cómodos y libres de cualquier riesgo para los usuarios.
Después de años de arduas pruebas —en especial en la tecnología eléctrica— y con el apoyo y certificación de una reconocida compañía estadounidense que se dedica a este rubro, la empresa boliviana Pintec lanzó en enero pasado la primera frazada eléctrica diseñada y producida en el país bajo el nombre de Kompany.
Actualmente, además de la frazada, tres productos conforman la oferta de esta empresa, todas ellas desarrolladas por Marco Antonio Cardona. “Como yo trabajo en una zona fría (Achachicala), un día me puse a diseñar un producto que se pudiera utilizar en la oficina”. Así nació la Ofistufa, una mantilla eléctrica que llega hasta los 55 grados centígrados y que cuenta con una funda protectora que la protege de su constante uso. Cuenta con un cinturón elástico que permite asirla a las pantorrillas.
Sin embargo, las frazadas de una plaza y media y de dos plazas son las más cotizadas. Con aplicaciones de satén, éstas cuentan con un control que tiene nueve posiciones de calor y una luz piloto de funcionamiento, mediante el cual se gradúa la temperatura de la misma, que llega hasta los 75 grados centígrados. La Ecokom, mientras tanto, es la versión más pequeña (un metro de ancho) y económica que las anteriores.
Cada producto cuenta en su interior con un sistema eléctrico —cuyo desarrollo Cardona prefiere mantener en secreto—, que cuenta con una doble aislación, lo que evita cualquier contratiempo.
La instalación de este sistema es realizado por jóvenes técnicos en la planta de Achachicala, donde trabajan siete personas. Cuando la época de invierno llegue, sin embargo, ese número se multiplicará de la mano del trabajo de los confeccionistas externos que le ponen su sello a las telas polar.
Antes de salir al mercado, cada uno de los productos es testeado al menos en dos ocasiones.
De todos los productos, Cardona destaca las almohadillas eléctricas de uso termoterapéutico, llamadas Calor Constante, y que están destinadas al área de salud.
“A través del uso de la termoterapia, las almohadillas se recomiendan para personas que sufren de artritis, artrosis, tortícolis. Además de ayudar a atacar los dolores reumáticos, menstruales y neurálgicas”, explica este profesional.
Con todo, Cardona —cuya iniciativa fue premiada en la última Feria Internacional de La Paz, Fipaz— ahora desarrolla un sistema con control de termostato, el cual permitirá mantener el calor del cuerpo de forma constante.