Me permito recomendar a los periodistas que cuando formulen una pregunta a una señora ministra, hablen bajito, musitando las palabras, como cantaba Nat King Cole, y que no pregunten en voz alta. Pues sí, hace unos días un grupo de periodistas acudió afanoso a una conferencia de prensa convocada por la señora ministra de Desarrollo Rural, Susana Rivero. Ella, de rostro delicado y lentes de ilustrada intelectual. Es sabido que en las conferencias de prensa cada periodista quiere ser el primero en preguntar y en ser respondido. Un resabio de la competencia neoliberal de la prensa oligárquica, pienso yo. Esto suele provocar una barahúnda a la que la autoridad que convoca a la prensa debe responder con verdad y conocimiento del asunto, sin perder inútilmente los estribos. Lo que no ocurrió en el caso que comento. En medio del vocerío, la periodista Julieta Tovar, de la Agencia de Noticias Fides, no tuvo más remedio que elevar los decibeles de su voz para ser escuchada por la ministra. Esta última, nerviosa porque no alcanzaba a dar respuestas adecuadas al interrogatorio periodístico, la emprendió contra la digna profesional, amenazándola con iniciarle un juicio. Y no un juicio cualquiera, sino por la vía penal. El descontrol de la señora ministra ya es, de por sí, deplorable. Peor aún el que ignore que no hay Código Penal en el mundo —que yo sepa— que considere delito hablar en voz alta y mucho menos en medio de la pugna de interrogaciones de una conferencia de prensa.
Naturalmente, todas las instituciones periodísticas del país reaccionaron públicamente de inmediato, protestando por la actitud de la señora ministra, tan delicada en su rostro como ruda en su trato. Hay que agradecer este consenso solidario de la gente de prensa.
Unos días antes, el señor Presidente de la República se dio un paseo por la bella Italia para recoger un premio que, ciertamente, no era el Nobel. Don Evo aprovechó el periplo para entrevistarse con autoridades políticas. Según el diario más influyente en Italia, el Corriere della Sera, Morales recordó su encuentro con el ex presidente francés Jaques Chirac. Contó que la prensa boliviana no le trataba como él merecía. En vista de lo cual, decidió seguir el consejo de su madre: “cuando reces, hijo, cierra los ojos”. Cuando Evito creció hasta ser Presidente de Bolivia, siguió el consejo de su señora madre y, hallándose en una iglesia, cerró los ojos, seguramente para pedir auxilio al Señor a fin de encarar con acierto los serios problemas de su oficio. La ocasión fue aprovechada por algún malvado periodista quien, al día siguiente, titulaba su nota con este grave error de percepción: “El Presidente se durmió en la misa”. Chirac, viejo zorro en los desafíos con la prensa, recomendó a Don Evo. “Tú mira la meta que te has propuesto”. Muy buen consejo. Y pienso que si el Presidente boliviano hubiese sido recibido por el Papa, cosa que no ocurrió porque la Cancillería de la plaza Murillo, supongo porque no gestionó debidamente la audiencia, Benedicto XVI pudo haberle dado muchos buenos consejos. Entre ellos, imagino, el de no imitar a su amigote Hugo Chávez en imponer en Bolivia una Constitución Política que es incompatible con la doctrina social de la Iglesia.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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