¿Sí, lo pudimos hacer! Quienes aún no han tenido la oportunidad de visitar el nuevo edificio de la Cinemateca Boliviana, tal vez no entiendan bien este mensaje. La Fundación Cinemateca Boliviana ha concluido su nueva y excepcional casa, que es un verdadero orgullo para Bolivia y también para toda la América Latina.
Sugiero a los amigos lectores que se acerquen a la intersección de las calles Óscar Soria (antes prolongación de la Federico Zuazo) —y que el municipio de La Paz rebautizó con el nombre de uno de los grandes cineastas bolivianos que, además, vivió sus últimos años en esa calle, muy cerca de la Cinemateca— y Rosendo Gutiérrez. Inicialmente deberían pararse en esa esquina, en la vereda de enfrente al nuevo edificio, para contemplar la vista exterior de una excepcional obra edilicia.
Entrando al edificio, el visitante volverá a sorprenderse con una incomparable arquitectura interior, inicialmente con una rampa que simula un rollo de un film enroscado, por la cual se puede subir a la planta más alta. Esta hermosísima rama no tiene columnas que la sustenten, sino que está “colgada” del techo del edificio. Francamente, increíble. Todo el edificio de 6.500 m2, en cinco plantas, cuenta, además, con enormes espacios para su corazón que son los archivos y, asimismo, salas para formación de públicos, una sala polivalente para video-conferencias y traducción simultánea, biblioteca especializada y sala de lectura, como también una terraza para exposición de esculturas de artistas bolivianos, además de un excelente espacio para cafetería y restaurante y dos plantas de estacionamiento para 48 vehículos.
Esta increíble construcción se debe al nota- ble proyecto de los arquitectos Cecilia Scholz y Juan Carlos Araníbar, quienes hace más de 10 años ganaron el concurso de la Fundación y fueron seleccionados como el mejor proyecto por el propio Colegio de Arquitectos. Me quito el sombrero ante los arquitectos de tan bellísima obra.
La Fundación Cinemateca Boliviana es una institución privada sin fines de lucro, creada hace 31 años por doña Amalia de Gallardo, el Padre Renzo Cotta y Mario Mercado. Desde entonces, la Fundación comenzó a rescatar las imágenes en movimiento de Bolivia, como forma de preservar la historia del país. Es por ello que, aun siendo una institución privada, el Estado le ha dado, por legislación especial, la custodia de todas las imágenes en movimiento de Bolivia. La Cinemateca es la biblioteca nacional para lo que es cine. Hoy cuenta con 14.000 rollos de películas, más 3.000 videos, alrededor de 5.000 libros y revistas de cine y unos 6.000 afiches cinematográficos.
Se pudo construir esta fanática casa gracias al aporte del propio Estado nacional, que entregó en usufructo por 20 años renovables, el terreno de 1.200 m2 donde se ha levantado el edificio y también los primeros fondos para comenzar esta gigantesca obra; los lustrabotas que reunieron algo más de Bs 400, una verdadera montaña por su significado; la cooperación internacional, con los aportes de Japón, España, Gran Bretaña y Alemania; familias particulares, como Adler, Mario Mercado, Saavedra Bruno y muchas otras; empresas privadas como Entel, Soboce, Banco Bisa y todo su grupo, Cervecería Boliviana Nacional, Embol (línea Coca-Cola), Sinchi Wayra y muchas más. También se contó con el aporte de la Corporación Andina de Fomento (CAF). Finalmente, para el equipamiento de la última tecnología en la materia se contó con el extraordinario aporte de la República Popular de China. El Viceministerio de Inversión y Financiamiento Externo (VIFE) y la Prefectura de La Paz también realizaron una importante labor canalizando los aportes de la cooperación internacional. También el Viceministerio de Cultura y la Cancillería prestaron su importante concurso para agilizar trámites muy importantes en diferentes etapas.
La Cinemateca es nacional, ahora debe proyectarse a toda la geografía de Bolivia construyendo otras unidades edilicias y, para cumplir con uno de sus objetivos, una de las ideas es salir con unidades móviles a tantas pequeñas poblaciones donde sus pobladores rara vez concurren a las grandes ciudades y menos a presenciar buen cine. Todo ello gracias a su excelente archivo de películas de todas las épocas.
Ya hay empresas privadas, Entel es una de ellas, que han contratado la programación para todo el período lectivo 2008, con el fin de traer, semanalmente, 300 niños de escuelitas fiscales, para que puedan apreciar el muy buen cine que la Cinemateca puede brindar y recibir explicaciones de los expertos con que cuenta la Fundación.
Sí, todo esto parece una fantasía, pero es real. ¿Ha habido personas fundamentales en tan fantástica realización? Por supuesto que, como todo emprendimiento de esta magnitud y naturaleza, sí las hay. Tres personas han sido los verdaderos pilares. La figura mayor de esta maravilla ha sido doña Amalia de Gallardo, mentora de toda esta colosal obra y que sigue guiando desde el cielo —Amalia no puede estar en otro lugar— los sucesivos pasos de la Cinemateca. Las otras personas fundamentales son sus discípulos iniciales, que luego tomaron vuelo propio por su capacidad en la materia, que son Carlos Mesa y Pedro Susz, verdaderos artífices de la recuperación de tanto material que podría haberse perdido, e ideólogos de la creación de esta infraestructura que no tiene parangón en ningún país de Sudamérica. El resto, hemos sido todos quienes como piezas de un enorme e imaginario ta- blero de ajedrez, nos hemos movido en distintas épocas para poder aportar un pequeño esfuerzo a fin de cumplir con este objetivo gigante, ya realizado.
Finalmente el mensaje que quiero transmitir, es el de elevar nuestra auoestima colectiva. Al poder demostrar algo muy simple pero no tan común y es que, cuando se quiere... ¡se puede!
*Francisco Muñoz P. es ex presidente de la Fundación Cinemateca Boliviana.
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