Femenina, ese es el estilo que desborda Ana Isabel Parra, una destacada diseñadora que en sus creaciones refleja ese encanto.
Los cortes y las tendencias, pero en especial la prestancia de la mujer, la invitaron hace 10 años a dejarse entrar en el mundo del diseño de modas.
Desde entonces es aliada de la elegancia de las féminas, pues su experto consejo sugiere el tipo de tela y hasta los accesorios, todo desde su centro de operaciones, un atelier en la zona de San Miguel. “Puse la tienda de telas con el afán de dar el asesoramiento en diseño. Así comencé, pero al ver la demanda de la gente, que no tenían quién les haga una buena confección, es que pusimos un taller con mi mamá”, comenta los inicios de su carrera, la que hoy está encumbrada.
“De ahí en adelante hemos ido capacitando gente. Presentamos colecciones dos o tres veces al año, aunque estamos ocupadas con los pedidos de ropa hecha a medida”, relata al comenzar la siguiente entrevista.
En este tiempo, ¿qué proyectos viste concretarse y cuáles están en marcha? Nuestro objetivo es agrandar aún más el taller, estamos buscando otro lugar para establecernos, queremos hacer algo integrado, con zapatos. Ahora ya tenemos el área de bisutería y va muy bien. Por otra parte, la tecnología ayuda mucho, tenemos máquinas de punta.
Generalmente los diseñadores bolivianos suman éxitos apuntando al extranjero, ¿por qué prefieres el nacional? Siempre he tomado las cosas con calma, no soy de las personas que se desesperan por salir al extranjero, por ir a un Fashion Week, ni siquiera en Santa Cruz. Lo que me interesa es tener calidad, atender bien a mis clientas y que se vayan satisfechas con mi trabajo, pero sobre todo tener calidad de vida. A veces, cuando te preocupas por salir y destacarte, te olvidas de la familia. Yo me siento orgullosa de mucha gente boliviana que se destaca en el extranjero. La verdad, estoy en una etapa de mi vida en la que le doy mucho valor a mi familia, claro que la realización de cualquier diseñador es abrir mercados en el exterior, pero lo mío, en este momento, no.
¿Qué ofrece un traje Ana Isabel Parra? Sobre todo calidad, me siento privilegiada de disponer de la boutique de telas para mis creaciones, porque tengo materiales bonitos, además la calidad en la confección es buena en comparación con ropa del extranjero.
Dentro de tu valoración estética, ¿qué facha o detalle llama negativamente tu atención? Creo que lo que más me choca es una minifalda. Si bien es una prenda sumamente femenina, es muy poco sentadora, pues no luce bien ni en una flaca ni en una pasadita de peso.
¿Se necesita dinero para verse bien y estar presentable? No. La ventaja que tiene La Paz es que es un ambiente donde todo el año tenemos casi el mismo clima. Yo creo que lo básico en un armario es un traje sastre negro, mejor si es de tres piezas, una falda, un pantalón y una chaqueta que los puedes intercambiar con todo; además de una camisa blanca, de ahí puedes tener un par de ternos adicionales. También es necesario un vestido negro, que lo puedes usar en un almuerzo o un cóctel. Pero infaltables son los accesorios, creo que éstos hacen que te veas como quieres.
Dicen que el accesorio es sólo eso, un accesorio, pero parece que es capaz de imponerse en una prenda... Un accesorio, por ejemplo, no es un cinturón, sino miles de opciones de formas y colores. Es por eso que queremos implementar estas piezas. Un accesorio ayuda a que una tenida se vea nueva, hace que la ropa pase a segundo plano.
¿Qué diferencias encuentras en la prestancia de la mujer oriental y la occidental? La mujer camba es muy cuidada, muy coqueta, muy pendiente de sí misma; la mujer occidental es más austera, le da más prioridad a su entorno, a su familia que a ella misma. No hay esa competencia de verse bien, de estrenar y de estar al pendiente de lo más novedoso. No critico a ninguna de las dos, creo que ambas tienen su encanto. Otra diferencia es la actitud. La mujer cruceña es más coqueta, en cambio la paceña es más reservada, claro que no deja de ser coqueta. Es importante que toda mujer cuide su postura, eso refleja la actitud.
A tu parecer, ¿cuál es el límite entre lo sensual y lo sexy? Me gusta que la ropa sea femenina, me caracterizo por diseñar ese tipo de prendas, pues el vestido que no tiene moña tiene encaje, el que no tiene encaje tiene transparencias; creo que el límite está en combinar esos elementos, siempre adecuados al cuerpo. Si una persona tiene mucho busto, no le puedes poner un escote muy grande, pero sí una abertura muy linda en la pierna. El límite está en que se vea sexy y que no caiga en lo vulgar.
¿Cómo ves el cambio que se da en cuanto a la participación de la mujer en asuntos administrativos? Creo que se han dado positivamente, no sólo en mi caso; me atrevo a decir que en general, pues la mujer boliviana ha tenido un cambio sumamente positivo en relación con la moda y con su participación en el área social. Respecto a mi experiencia, es muy gratificante escuchar tanto reconocimiento, no solamente a mi labor como diseñadora, sino a mi permanencia en el mercado.
Pasando a otro tema, cuéntanos sobre tu familia y la buena relación con tu esposo... A Álvaro (Arias) lo conocí el 93, en mi casa; vino con un amigo. Después de un tiempo lo volví a ver y salimos sin ningún compromiso. Luego nos vimos en un cumpleaños y comenzó todo hace 13 años, enamoramos cuatro años y desde el tercer mes teníamos la idea de casarnos, pero él todavía tenía que salir profesional. Nos casamos el 98 y tuvimos a Lucía el 2000, ella tiene seis años. Luego nació Sebastián, que tiene cuatro.
¿Cómo logras ese equilibrio de unidad en tu familia? Creo que en la vida no hay fórmula y no hay manuales que enseñen. Lo más importante son los valores. Álvaro es mi apoyo y le estoy muy agradecida. Con él estamos unidos por la fe y el agradecimiento a Dios, eso lo tenemos presente en la familia y lo queremos dejar a nuestros hijos. Yo creo que la clave de nuestro matrimonio es tratar de crecer espiritualmente, porque eso nos hace mejores padres y personas. El divorcio, muchas veces, se presenta por el mal humor o porque las mujeres no quieren sentirse empleadas, pero uno se tiene que despojar de esos prejuicios, pues si un día toca lavar, lo haces y ya, no es por ser empleada. Creo que más bien deben dejar de sentirse princesas, porque eso perjudica.
En tu atuendo personal y para desarrollar todos tus roles, ¿qué es lo que no te falta jamás? Mi capita de maquillaje, porque tengo que hacer resaltar algunos detallitos de mi rostro. Tampoco dejo de arreglarme las pestañas. Me gusta arreglarme, principalmente para mi marido, porque no paso desapercibida para él.
A veces, cuando te preocupas por salir y destacarte, te olvidas de la familia...
El perfil
Ana Isabel Parra de Arias nació en Cochabamba, pero radica en La Paz desde sus dos años. Salió bachiller del colegio Loretto. Entre 1990 y 1991 trabajó en la parte administrativa de Lan Chile. Estudió diseño de modas en una academia dirigida por Consuelo Escobari y paralelamente Administración de Empresas. Hoy está dedicada de lleno a la moda.
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Declarada patrimonio cultural y natural de la humanidad es también una ciudad reconocida por su aporte culinario y original sazón mestizo.