Una vez más vimos cómo el Día de la Mujer, se repitieron los reconocimientos a “algunas” mujeres destacadas. Pero alguien se pregunta ¿qué pasa después? ¿En qué cambian estos reconocimientos la situación general de las mujeres? Esta pregunta se extiende a las agasajadas que, luego de recibir un reconocimiento simbólico, vuelven a la lucha diaria en sus ámbitos para enfrentarse una vez más a los contratiempos. Si bien es cierto que muchas leyes cuentan con artículos a favor de la mujer y que hoy tenemos más participación de mujeres en esferas políticas, alguien se preguntará ¿estas normas están siendo aplicadas en su totalidad y realmente ayudan a corregir fallas estructurales? ¿La participación de la mujer en la toma de decisiones es real y efectiva?
La realidad nos muestra que estos cambios son superficiales y no pasan de normas escritas que encuentran su contraparte en lo cotidiano, donde día a día las mujeres siguen sufriendo las consecuencias que trae el postergar la implementación de temas de equidad de género. Según datos del Viceministerio de Género, 7 de cada 10 mujeres sufrieron algún tipo de violencia física, psicológica o sexual. La violencia es el fantasma que sigue atormentándonos y que produce cifras elevadas, 54 mil casos, sin contar el hecho de que la mayoría prefiere callar por miedo o vergüenza. La aprobación de leyes como la Ley contra el Acoso y la Violencia Política en razón de Género que fue postergada hasta nuevo aviso y es una causa para que mujeres electas para ocupar cargos públicos no cuenten con apoyo legal cuando enfrentan situaciones de acoso y son obligadas a dejar sus cargos sin sanción a los agresores.
En el campo laboral, las mujeres aún reciben un salario 30% menor que los varones por el mismo trabajo y son ellas las afectadas ya que la fuente de sus ingresos proviene del sector informal, el cual se encuentra en constante riesgo y, además, no brinda oportunidades de acceso a la seguridad social, salud y educación. Madres de familias numerosas sobreviven con escasos recursos, abuelas que asumen el rol de madres, madres recientes obligadas a abandonar a sus hijos por carecer de medios para criarlos; mujeres que migran para encontrar trabajo sin garantías. Los casos suman y siguen.
Estos hechos muestran que al momento de implementar normas y políticas, éstas enfrentan una serie de obstáculos en la asignación presupuestaria: escasos recursos que no permiten su adecuada aplicación, limitaciones de personal, falta de sensibilidad en la temática de Género de los funcionarios públicos, etc. Las instancias de Género en los municipios y en las prefecturas cuentan con pocos recursos. Solamente algunos municipios cuentan con Servicios Legales Integrales municipales; las Brigadas de Protección a la familia tampoco están exentas de esta situación; no vemos campañas de sensibilización ni capacitación sobre los derechos de las mujeres.
Ante este panorama y en tiempos donde cada sector exige por la repartición de recursos nacionales para sus propios proyectos, ¿Dónde queda el tema de Género cuando hay que destinar recursos?
Tampoco queremos solamente culpar a los demás. Nosotras, como parte del Movimiento de Mujeres, cuestionamos nuestro accionar o la falta de él y la necesidad de articular a todas las expresiones del movimiento de mujeres en una meta común: trabajar en espacios donde se pueda encontrar voluntad política y compromiso con la equidad de género que se traduzca en proyectos y presupuestos dignos, orientados a modificar las relaciones inequitativas de género y contribuir a mejorar las condiciones de vida no sólo unas cuantas, sino de todas las mujeres.
Aún nos falta mucho, pero seguiremos trabajando.
Amupei, Colectivo por los Derechos de las Mujeres.