Hace 35 años, Sergio Catalán dio la alarma que logró salvar 16 vidas de la cordillera. Su recompensa es hoy una operación milagrosa.
Texto: Con datos de www.viven.com.uy, EFE y AP • Fotos: EFE
Primero creyó que eran turistas que saludaban desde la otra orilla del río; pero poco después, Sergio Catalán cayó en cuenta de que esos dos jóvenes flacos y barbudos necesitaban ayuda. No dudó, entonces, en emprender un camino de 140 kilómetros para dar el aviso que posibilitó el rescate de 16 personas que milagrosamente lograron sobrevivir 71 días en los Andes.
Era el 21 de diciembre de 1972. Roberto Canessa y Fernando Parrado habían caminado diez días desde los altos nevados y al avistar al arriero sus gritos se convirtieron en llanto. “Verlo, era volver a la vida”, relató Canessa el pasado 13 de octubre, en el acto desarrollado en Montevideo, donde los “sobrevivientes de los Andes” recordaron 35 años del accidente aéreo que mató a 29 personas.
La conmemoración tuvo como invitado al arriero chileno, ahora de 80 años, quien hace tres meses pudo someterse a una operación de cadera, que le permitió volver a caminar, gracias a gestiones de los agradecidos uruguayos.
Odisea en las nieves eternas El 13 de octubre de 1972 un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya cayó en las montañas cuando viajaba de Montevideo a Santiago. En Fairchild se encontraba el equipo de rugby de Old Christian que iba a jugar un partido partido amistoso con su par chileno Old Boys.
Un total de 29 personas murieron, la mayoría al caer el avión en los picos nevados y ocho en un alud posterior. Los sobrevivientes fueron 16 y ellos tuvieron que soportar no sólo temperaturas bajísimas, sino que practicaron la antropofagia. “Es algo que impresiona al que no conoce qué son 30 grados bajo cero y no sabe lo que es que se te muera un amigo en tus brazos si no haces algo —explicó el cardiólogo de niños Roberto Canessa, de 54 años, y uno de los sobrevivientes—. Lo que hicimos fue comprar tiempo y tomar la oportunidad de vivir y salir caminando de la cordillera”.
Cuando, en las montañas escucharon por radio que su búsqueda se había suspendido, Roberto Canessa, Fernando Parrado y Antonio Vizintín, decidieron salir en busca de la salvación. A poco de andar, Vizintín retornó a los restos del avión, pero los otros dos prosiguieron la marcha. Enfermos y débiles caminaron diez días hasta que hallaron al arriero.
El héroe de la montaña Parado en medio del ajetreo de la conmemoración de los 35 años del accidente, Sergio Catalán soportaba estoico la avalancha de periodistas, camarógrafos y admiradores. “Me siento avergonzado porque no pensaba que yo significaba tanta atención, nunca pensé en esto, soy sólo un hombre que montaba en el cerro”, dijo hace un mes en su primera visita a Montevideo. En junio había dejado su natal pueblo de San Fernando, en Chile, para someterse a una operación de la cadera. “No podía estar ni sentado, ni de pie, ni acostado. Desde el momento que entró al hospital no sintió más dolor. Fue otro milagro gracias a los sobrevivientes”, recuerda su hija Paula, quien nació junto a su hermana melliza luego del accidente, cuando el matrimonio Catalán ya tenía siete hijos y no esperaba nuevos vástagos.
Paula lo acompañó en Uruguay y disfrutó con orgullo el homenaje a su padre. “Pocos saben lo que es una montaña. Él se lleva a los animales a la cordillera en verano, con un día y medio de camino. Debe ir arreándolos, alojarse en la intemperie, pasarse meses en el cerro. La última vez estuvo un mes y medio, mientras nosotros no sabíamos nada de él. Yo le pregunto: ‘¿Usted no se aburre allá, solo?\' y me contesta, ‘¿Cómo me voy a aburrir?\'. Es su vida”.
Regalos de la vida Catalán, el arriero, asistió también al partido que jugaron los veteranos del club Old Christians y Old Boys, en Montevideo, en celebración al milagro de la vida, inmortalizado en el libro, también llevado al cine, “Viven”.
“El libro se llama Viven, pero lo que vive es el espíritu de todos los que murieron y que está dentro de nosotros. No somos héroes, no elegimos caernos del avión, nos tocó” —aseguró el arquitecto Gustavo Zerbino, otro sobreviviente— “Es una cadena de favores y la persona más sencilla puede ser la más extraordinaria si hace las cosas correctas por los motivos correctos”. Así, a veces, la vida regala sus milagros.