El recorrido turístico por las pampas y el río Yucuma en Beni permite que los visitantes puedan ver de cerca a las especies que habitan en la zona. Es el refugio de las aves, lagartos, monos, tortugas y delfines.
Texto: Jorge Soruco Fotos: Miguel Carrasco
Para los guías turísticos, Santa Rosa del Yucuma representa una suerte sin blanca. No importa la época del año en que se visite la zona, el turista siempre podrá apreciar la fauna del lugar.
Monos de distintas especies, aves del paraíso, águilas, plácidas tortugas, lagartos de variados tamaños y delfines de río son algunos de los especímenes que los visitantes pueden encontrar al surcar las aguas del río Yucuma.
El recorrido por las pampas del Yucuma es una de las actividades turísticas comprendidas en el programa Destino Verde, el cual busca implementar un sistema de administración turística que dé ingresos y que no afecte negativamente al ecosistema.
Santa Rosa del Yucuma es un municipio del norte de Beni. Se encuentra a 108 kilómetros de Rurrenabaque y está enclavado en la amazonia boliviana. El río del mismo nombre, de aguas turbias, pasa por medio de la región.
La principal actividad económica de Santa Rosa es la ganadería. Las extensas pampas sirven para dar de comer a casi el 90 por ciento de la población.
Pero, poco a poco, la actividad turística está comenzando a crecer. Los ingresos que recibe el gobierno municipal son cada vez mayores, al igual que los visitantes. Al ver este fenómeno, la Alcaldía, apoyada por los ganaderos, declaró Parque Municipal y Reserva Silvestre al 60 por ciento del territorio de Santa Rosa.
Tras el desarrollo sostenible La decisión no es sólo un anhelo ecologista. “Lo que nos interesa es mantener el río y las pampas porque nos proveen de ingresos. El turismo es cada vez más importantes y no lo podremos aprovechar si se daña”, sentencia el burgomaestre de Santa Rosa, Waldo Ayala Céspedes.
Los ingresos por concepto de visitantes llegan a la población en general. “Tenemos personas que han dejado la ganadería para poner restaurantes, kioscos de comida, hospedaje, refugio en las orillas... relamente da plata”.
El trayecto se inicia con el recorrido en bote por el Yucuma. Los interesados pueden contratar un guía en la ciudad de Rurrenabaque o en la misma Santa Rosa.
Lucio Flores trabaja en este rubro desde hace tres años. Él lleva a sus clientes en una larga barca, con capacidad para 11 personas.
Se trata de un paseo lento por las aguas, que dura más de cinco horas. “Hay que ir despacio para que el turista pueda ver bien a los animales”, explica Flores.
Un zoológico natural Ver animales es el principal objeto del paseo. “Es el paraíso de los ornitólogos”, exclama Rodrigo, de Conservación Internacional. Y tiene razón, aves de todo tamaño y color pululan por la tupida mata de árboles que cubre las orillas.
Mientras la barca surca la corriente, una imponente águila arpía vigila al grupo de turistas. Abajo, las garzas blancas de largos cuellos o las aves tigre levantan el vuelo, mientras las parabas conversan en los árboles.
De pronto, los cereres, exóticas aves del paraíso, levantan el vuelo en un remolino multicolor. “Este es uno de los pocos lugares de Bolivia donde se pueden ver tantos ejemplares de esta especie”, explica Flores a sus clientes.
Pero no son sólo las aves las que cautivan la atención de los turistas. De hecho, las verdaderas estrellas del paseo son los grandes lagartos, que toman sol en las orillas del Yucuma y espantan a los visitantes durante la noche.
Pequeños, medianos y grandes, los reptiles son encontrados en cada recoveco del camino; muchas veces, dando un susto de muerte a los incautos. “Estaba bajando del refugio donde me alojé hacia al bote. Casi me muero cuando vi la cabeza de un caimán donde solemos pararnos para subir a la barca”, comentó Roxana, una turista israelí de 30 años.
Pero son los bufeos, delfines de río, los que se ganan la simpatía de la gente. En las partes del río donde las aguas son calmas, el turista puede sumergirse sin temor, pues los mamíferos acuáticos espantan a las pirañas. Y, con suerte, también podrá atraer la atención de los delfines. “Son animales muy sociales y les gusta revolver a las personas que nadan”, comenta Mariaca.
Turistas bien atendidos A lo largo de las orillas del Yucuma, los comunarios levantaron refugios donde los viajeros pueden pasar la noche. El servicio viene incluido con comida y con un paseo nocturno en bote, durante el cual los turistas pueden observar las estrellas en el firmamento y los ojos rojos de los caimanes que dominan el río.
Los alojamientos selváticos son exactamente eso, refugios simples que ofrecen cama, comida y baño para quienes siguen el recorrido. Estos albergues se convierten en centros de operación cuando la travesía sale del río para introducirse en las pampas de la zona.
A los animales ya mencionados se les unen los jaguares y las serpientes. Pese a su mala fama, la sicurí o boa es una de las especies favoritas de los turistas.
“Esta es una de las etapas más riesgosas del viaje”, explica Flores. “En las pampas, los turistas están más cerca de los especímenes y pueden correr peligro”.
A diferencia de un zoológico, no hay jaulas que separen a los animales de sus observadores humanos. Tampoco hay un guardia que impida que algunos osados intenten agarrar una serpiente o un lagarto para tener “la foto”.
“No falta la persona que pide al guía que levante una anaconda para colocársela sobre los hombros”, agrega Mariaca.
Este es uno de los peligros que corre el destino de Santa Rosa. Su fama ha impulsado la llegada de muchos turistas y, consecuentemente, la creación sin control de varias agencias de turismo.
“Es difícil controlar el negocio. Ese es otro motivo detrás de la declaración de Parque Municipal. Queremos implantar normas que obliguen a los operadores a ser más responsables... sino ¿de qué vamos a vivir?”, cuestiona Ayala.
Para ellos, el proyecto Destino Verde, financiado por Usaid, instauró clases especializadas para los guías de la zona. “Buscamos capacitar a los operadores turísticos para que éstos tengan una actitud más cuidadosa con el medio ambiente”, explica Mariaca, quien trabajó con el proyecto.
Para Lucio Flores, el asunto es de vital importancia. “Yo vivo de esta actividad. No puedo darme el lujo de maltratar a los seres que me dan de comer”, comenta mientras guía suavemente su barca hacia su paradisíaco destino.