...vale la vida del más humilde de los hombres´, decía Sergio Almaraz Paz que murió de angustia y desesperación patriótica a la edad de 39 años, el 11 de mayo de 1968. Se trata probablemente del pensador social boliviano más importante de la segunda mitad del siglo XX, lo que no debe hacernos olvidar a hombres de la talla de Carlos Montenegro o René Zavaleta Mercado. Si bien fue el fundador del Partido Comunista Boliviano, no tardaron sus burócratas camaradas en expulsarlo bajo la acusación de ´neohumanista´ y ´pequeño burgués´. Abrazó entonces sin reparos y con pasión devastadora la causa de la izquierda nacional y se convirtió en el referente ideológico insuperado de una generación creyente y devota en el país.
Desde muy joven ejercitó el ensayo académico y la acción política combinados, fruto de lo cual sufrió persecución y cárcel, pero también reconocimiento y adhesión. Escribió ´Petróleo en Bolivia´ con erudición de especialista y demostró que nuestra vocación de país monoproductor iba a, inexorablemente, dilapidar los hidrocarburos, como antes la plata y el estaño, sin lograr construir una base técnico-material que sostenga el proyecto nacional.
Su segunda gran obra, ´El Poder y la Caída´, es seguramente la radiografía más certera y profunda de la estructura de las jerarquías en Bolivia y —varios años antes que Foucault— un instrumento teórico genial para escudriñar en los meandros de la microfísica del poder en la sociedad. Su valor trasciende además el alegato académico para convertirse en una vigorosa revelación de las causas que llevaron al decaimiento del ciclo del estaño y la generación de las condiciones que precedieron a la insurgencia de la revolución nacional.
Luego, en ´Réquiem para una República´, Almaraz se ocuparía de analizar con precisión y crudeza los factores que produjeron el fracaso del proceso revolucionario y su conversión a la restauración ´neorrosquera´. Sufriendo con la frustración de la revolución traicionada, supo, sin embargo, defenderla como pocos hasta el final. Desesperado vivió ´el tiempo de las cosas pequeñas´ y no fue capaz —como muchos de su generación— de arriar las banderas y terminó siendo un cruzado del nacionalismo revolucionario, atormentado por una patria que se le caía a pedazos y que le producía una sensación de agotamiento que no pudo resistir.
De hecho, René Zavaleta contó que Sergio Almaraz le susurró en su lecho de muerte que ´éramos una raza perdida de la mano de Dios´. El desarrollo de esa terrible sentencia es el ensayo sobre los campamentos mineros que incluye la versión póstuma de ´Réquiem…´.
Almaraz murió de ese terrible mal que nos aqueja y que se llama impotencia. En este momento aciago para el país, en el que parecería que nos vamos sin remedio a una conflagración violenta, apelo al testimonio de su vida y la fecundidad de su obra para que nos ayuden a encontrar la solución y la salida.
Quiero creer desesperadamente que la inmensa mayoría de bolivianas y bolivianos no sucumbiremos a la tiranía de los extremos inclementes. Quiero tratar de convencer, ahora que todavía estamos a tiempo, que ´ni la idea más grande vale la vida del más humilde de los hombres´.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo y constitucionalista.
De la malhadada Asamblea
Siento que acaba mi inicial aislamiento por haber pensado que la archifamosa Asamblea Constituyente fue, y es, un solemne disparate.
Pan y cine
No se puede vivir sin comida, claro. ¿Y sin fábulas? Quizá tampoco. Los periódicos llevan hablando con auténtica alarma de la huelga de guionistas que comenzó el lunes pasado en EEUU.