Sentada en una de las aceras de la calle 15 de Calacoto, Florencia Villca esperaba ansiosa la salida de Óscar Soliz del control antidopaje. Cuando supo que su hijo ya saldría, sonrió, se paró y se dirigió ante el primer campeón boliviano de la Doble.
“Kuciscakani (estoy muy contenta)”, decía mientras abrazaba a Soliz, atrás dejó el cansancio producto del viaje de un día y una noche para llegar desde Villazón para ver en el podio del mejor de la Doble al hijo que crió, junto a sus otros cuatro hijos, vendiendo verduras en el mercado campesino. “Ella es madre y padre, quedó sola cuando Óscar tenía siete años”, sostuvo Carlos, uno de los cinco familiares que acompañó a la señora de 44 años, que momentos antes levantó las manos de triunfo con el trofeo de campeón de la XIII versión ciclística.