La chabacanería y el mal gusto se han puesto de moda en América, y existen algunos mandatarios zafios y mal educados —como es el caso de Hugo Chávez— que nos ha sacado de quicio a todos, menos a sus aduladores, naturalmente. Chávez no abandona jamás su matonaje verbal, sus bravuconadas, donde lanza términos hirientes y socarrones o insulta abiertamente. Eso sucede con EEUU y el presidente Bush, como ha sucedido también con México, Perú, y ahora, de manera injusta, con España. La XVII Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, ha sido un claro ejemplo de un grupo de mandatarios revoltosos que van camino de convertirse en una pandilla.
Hugo Chávez hace lo que le da la gana en Bolivia y en otras naciones pedigüeñas que esperan sus dádivas para sostenerse. Y él se jacta de eso. Son los que corean y aplauden sus malacrianzas y groserías. Chávez cuenta la historia de América como más le conviene, se inventa hechos que no han sucedido jamás, y quiere figurar como un militar ilustrado que, por tanto, merece permanecer en el poder indefinidamente. Pero ni es culto, ni es honrado, ni es patriota: es un golpista más que ha encontrado un terreno fértil en la democracia de Venezuela, aunque la mitad de los venezolanos lo detestan. En Bolivia es idolatrado por el Gobierno, pero rechazado por quienes ya le han visto la hilacha.
En Santiago de Chile, Chávez lanzó un ataque desconsiderado contra el ex presidente español José María Aznar, pero, de paso, se trataba de una provocación visible contra España. Dijo, por rencor personal, que Aznar era un fascista, menos sensible que un tigre o una serpiente. Que Aznar tenga simpatías u odios es algo previsible, pero que delante del Rey de España y del jefe del Gobierno, un necio prepotente se dispare en una perorata desproporcionada era inaceptable si en la otra parte había dignidad. Y fue el Rey quien tuvo que pararlo en seco al hablador. ´¿Por qué no te callas?´, le dijo Don Juan Carlos a este hombre que parecía un poseído. Por primera vez en 17 cumbres sucedía tal cosa, y por única vez alguien se atrevió a callar a este personaje nefasto que se ha convertido en estrella de cuanto evento se produce en América Latina. No entendemos la razón para que algún mandatario latinoamericano ya no lo hubiera hecho callar en tanto tiempo. ¿Miedo? ¿Cobardía?
Maltrecho, luego del frenazo en el plenario de la Cumbre, Chávez —junto a sus amiguetes de averías—, se dirigió a la clausura de la Cumbre de los Pueblos, esas concentraciones paralelas estúpidas que se promueven para criticar lo que han tratado los presidentes. Y ahí se produjo una misa cantada por el diablo. Chávez la ofició con sus tres monaguillos que decían amén. Chávez insultó y cantó; blasfemó y cantó; ofendió y cantó. Y los tres monaguillos de Bolivia, Nicaragua y Cuba, dijeron amén. Todo fue muy penoso.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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