El aumento en los precios de los productos agrícolas a nivel mundial esta ocasionando problemas para los bancos centrales debido a que en los países pobres, principalmente, los alimentos constituyen una gran proporción en la canasta base para el cálculo del IPC, por lo que estos aumentos en los precios tienen un gran impacto. Las variopintas ideas para luchar contra la inflación han ido desde cambiar los hábitos de consumo hasta cambiar el año base con el que se calcula el actual índice de precios, otra forma de luchar contra la inflación empleada por otros países fue la de ´cocinar´ los datos estadísticos que se presentan al público manipulándolos para mostrar una baja inflación, una política nada aconsejable, por supuesto, aunque de bastante aceptación en ciertos países con ciertas tendencias ideológicas y que tienen en el horizonte cercano un período eleccionario.
Los periodos de altos precios seguidos por tiempos donde los mismos caen son bastante comunes en los mercados agrícolas. La diferencia con lo que pasa actualmente es que casi la totalidad de los precios de los alimentos han aumentado a nivel mundial como producto de un aumento en la demanda de los países más poblados al hacerse éstos más ricos, por una inusitada ola de problemas climáticos en los principales países productores que ha hecho que la oferta de productos se haya reducido, y por los anuncios acerca de la producción de agrocombustibles. No obstante, aunque la producción mundial en general ha aumentado para satisfacer la demanda en los países de mayor crecimiento y para los biocombustibles, no lo ha hecho en la proporción que se necesitaba para satisfacerla.
Las noticias sobre las malas cosechas ha hecho que los principales países no productores y que son los potenciales consumidores, traten de asegurarse un stock de cereales, principalmente, lo que ha tenido el efecto de presionar más aun en los precios de los futuros de los productos agrícolas.. En suma, el problema se esta haciendo tan importante que los economistas ya han acuñado un término para definir esta subida de precios: la agroinflación.
Según una estimación del Programa Mundial de Alimentos, los precios de los artículos comestibles básicos han aumentado un 50% desde el 2005 y se espera un aumento de otro 35% en los tres años que siguen al presente. El problema de la subida en los precios es mundial y, por supuesto y lamentablemente, los que más sufren son los pobres, aquellos que, según la misma organización, dedican un 60% de sus ingresos a la compra de alimentos y que son los habitantes de los países menos desarrollados. Aunque es necesario también tomar en cuenta que en algunos países desarrollados se han observado descensos en los niveles de consumo de algunos alimentos principalmente los cereales, de sus productos derivados, y de los bienes que los necesitan como insumo.
El problema es mundial y, entonces, se lo debe encarar de forma distinta dando prioridad sobretodo al aspecto económico antes que al meramente político y dadas las proyecciones citadas referidas al incremento en los precios, establecer las políticas de largo plazo más pertinentes para enfrentar un problema que tiene todas las posibilidades de convertirse en estructural. Según el FMI, no hay peor seguridad alimentaria que los bajos ingresos. Mientras algunas economías priorizan los controles de precios atacando el problema sólo en el corto plazo, se esta haciendo muy poco para mejorar los ingresos de las personas en el largo plazo que es lo que verdaderamente garantizará mejores condiciones de vida para la población. La pregunta lógica es ¿qué prefiere usted; productos a bajos precios o un elevado nivel de ingreso?, lo primero tiene que ver con el corto plazo y lo segundo con el largo plazo. La primera política tiene, al parecer, características populistas y puede generar distorsiones una vez los controles de precios son levantados porque mantener las subvenciones en forma indefinida no es de ninguna forma una garantía para que los pobres tengan acceso a los alimentos, en tanto que la segunda requiere de mayor consistencia en las políticas de crecimiento económico tendientes a mejorar los niveles de productividad de los agentes económicos.
*Ramiro M. Luján es economista.
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