Cuando los litigantes acuden a los Tribunales generalmente buscan justicia y la correcta aplicación del ordenamiento jurídico en controversias que afectan a sus intereses, los cuales pueden ser de diversa índole.
La justicia que buscan, desde el punto de vista simbólico, está considerada como el poder de hacer que se ejecute lo que es justo. Era representada entre los antiguos por la figura de una matrona con ojos vivos y penetrantes, para manifestar que los jueces debían examinar con toda exactitud las causas que les eran sometidas, antes de pronunciar su sentencia. Hoy, la justicia está representada con una venda en los ojos, una balanza en la mano y una espada en la otra, para denotar que obra sin acepción de personas, que examina y pesa el derecho de las partes y que tiene fuerza para llevar a efecto sus decisiones y hacer reinar el orden. Pero ocurre que en la práctica, en muchos de los procedimientos establecidos para las diversas materias, se tramita una primera instancia, en algunos procesos con intervención del Ministerio Público, la Defensoría de la Niñez y Adolescencia u otras entidades, luego siguen las apelaciones ante el superior en grado y los recursos de casación ante la Corte Suprema de Justicia. En la mayor parte de los procesos judiciales el obtener una sentencia ejecutoriada y ejecutarla puede tomar varios años.
Si bien al revisar los procedimientos establecidos para la tramitación de los juicios pareciera que muchos de éstos deberían ser breves en cuanto al tiempo requerido para su tramitación, la realidad es muy diferente debido a que los plazos no siempre se cumplen, en gran medida debido a la excesiva carga de trabajo que existe en el Poder Judicial.
La cantidad de procesos que deben tramitar y resolver los juzgadores en general es ciertamente desmesurada. La justicia en muchos casos demora tanto en llegar a quien la requiere, que deja de ser justa.
Después de haber manejado una gran cantidad y diversidad de procesos judiciales, he llegado a la conclusión de que se podría agregar muchos expedientes apilados en la balanza de la representación de la justicia y una tortuga sobre su espada, para advertir a los litigantes sobre la paciencia que normalmente se requiere en la tramitación de los juicios. Es por ello que urge la designación y en su caso la elección de un mayor número de fiscales, jueces, vocales y magistrados. Se requiere ejecutar más recursos económicos para implementar una mayor infraestructura en el Poder Judicial así como para contratar personal subalterno adicional al existente.
Mientras tanto, la negociación, la transacción, la conciliación y el arbitraje son caminos alternativos ciertamente mejores y más cortos para solucionar las divergencias de las partes.
*Carlos Alberto Mostajo es abogado.
La importancia de los profesores
“Si hoy no somos capaces de asegurarles a los alumnos unos buenos maestros, mañana la sociedad será inviable...”.
Envilecimiento político
El pasado fin de semana y en la plenaria de la XVII Cumbre Iberoamericana se produjo un encontronazo entre el Rey de España y el Presidente venezolano. Siguiendo con su creciente práctica de envilecer la política, Chávez se desbocó contra España
¡Desde adentro, entre todos y contra ellos!
Así, como titulamos, se popularizan las novísimas fórmulas que se plantean en temas de lucha contra la corrupción, al mejor estilo de una campaña de marketing privado.
La cuestión del Silala
El Canciller de la República ha informado que se ha creado una comisión binacional para estudiar la cuestión de las aguas del Silala. Pero ojalá que esta nueva comisión no se empantane como las demás que se establecieron