Nuevamente la palabra de la Iglesia Católica llega a los bolivianos con mucha preocupación, por el estado en que se encuentra el país y por los riesgos de enfrentamientos que se vislumbran muy claramente. La Conferencia Episcopal Boliviana clausuró el martes su asamblea anual con esa inquietud que tienen todos los bolivianos conscientes de la marcha actual de la nación.
Los obispos clamaron porque se destierre el propósito de la transgresión y la amenaza que se ha generalizado en Bolivia, y en su documento "Hagamos de Bolivia una casa de hermanos para vivir y convivir con dignidad", se refieren a la urgencia de "recuperar el sentido de racionalidad en las relaciones entre bolivianos desterrando el recurso de la violencia, que se ha convertido casi en una práctica normal, como se constata continuamente en el acontecer nacional".
No cabe duda que los obispos tienen razón al preocuparse por la marcha del acontecer nacional, donde las amenazas y los atropellos se incrementan, y cuando Bolivia se ha quedado trabada en su Asamblea Constituyente, que debería redactar la nueva Carta Magna, donde, desgraciadamente, no se observan acuerdos positivos, y sí maniobras, de uno y otro lado —oposición y oficialismo—, para que fracase. Dice la Iglesia, a través de su portavoz, que efectivamente se necesitan cambios importantes y urgentes en Bolivia, pero que la ambigüedad en los cambios no es garantía de progreso. De ahí la necesidad de que el crecimiento y el bienestar se deben hacer dentro de la dignidad de toda persona y de su identidad cultural y religiosa.
La palabra de la Iglesia es siempre bienvenida porque permite hacer una reflexión a todos y es una colaboración en los momentos más inquietantes como la actual coyuntura.