Cada uno de los niños madura de manera distinta, esas características se deben respetar y valorar en los miembros de la familia.
Texto: Redacción Mía Fotografía: Miguel Carrasco
Aunque entre hermanos existe ese entrañable cariño que permite la fraternidad, también hay cierto nivel de competencia, pues cada hijo incluye en su estructura la educación, los valores y las reglas de manera diferente. A eso se suma su carácter y su forma de pensar, lo cual marca la personalidad e individualidad.
El sicólogo Ariel Roldán advierte que, en ocasiones, los padres marcan odiosas diferencias entre los hermanos, pues tienden a privilegiar a los mayores, lo que hace que sientan superioridad con respecto a los hermanos que llegan después.
Sin embargo, ´cuando llega un hermano, la actitud del primogénito cambia, porque el nuevo miembro de la familia le genera ciertos sentimientos y reacciones´.
En esa situación, los padres deben y pueden regular la educación, es decir que están en condiciones de mantener un equilibrio entre los patrones para ambos hijos.
El problema, que por lo general se observa en familias numerosas, es cuando llega el tercer hijo, pues hay una especie de cansancio para imponer normas en el hogar. Esa independencia o mayor libertad que dan los padres a este miembro, provoca molestia en los mayores, lo cual puede generar rivalidad entre hermanos. Esto, a su vez, —explica Roldán— hará que los niños compitan por el reconocimiento de los padres.
El especialista indica que esa competencia también se presenta en el colegio, porque los profesores suelen decir a los últimos hermanos: ´Espero que seas tan bueno, o no seas tan terrible, como tu hermano´. Esos comentarios comparativos los llevan a una confrontación y a veces hasta el resentimiento.
Los padres deben ser cuidadosos al educar a sus hijos, nunca compararlos y respetar que cada uno tiene aptitudes para alguna cosa; siempre el reconocimiento debe ser equitativo.
1 Reglas. En casa deben regir reglas para todos. Sin embargo, hay que considerar, en caso de una falta, la importancia de la acción y la edad y carácter del niño para sancionarlo.
2 Enseñanza. La educación que dan los padres al hijo mayor y al del medio es similar. Sin embargo, para el tercero hay una especie de cansancio en imponer normas.
3 Evitar. ´Los padres no deben comparar a los hijos, pues cada uno es diferente al otro. Además, eso causaría cierto resentimiento entre ellos´, indica el sicólogo Ariel Roldán.
Paso a paso
Equidad y respeto
Derechos. Los padres no deben ver a los hijos como un reflejo de ellos. Los muchachos tienen derecho a vivir y a percibir los espacios de desarrollo desde su interés.
Información. Si la pareja espera otro bebé, es importante que se lo comuniquen a su hijo. Así se lo hace parte de la buena noticia y no siente que sus espacios son invadidos con la abrupta llegada del ´intruso´.
Alusiones. ´Si hay sanciones para los hijos, éstos deben ser en función de la falta que cada uno haya cometido y no por igual´, indica el sicólogo Ariel Roldán.
Relaciones. El vínculo entre hermanos debe ser orientado por los padres, pues es un reflejo de la familia y el nivel de afectividad.
Competencia. Los padres no deben promover la competitividad entre sus hijos y con personas de afuera, es mejor fortalecer su potencial de desarrollo.
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