Sin investigación científica no hay desarrollo. La ciencia no es un lujo, aun cuando así lo ven muchos de los países pobres que regatean el dinero a la hora de distribuirlo, dejando para el rubro lo que resta luego de atender las urgencias.
La semana pasada, dos jóvenes científicos bolivianos recibieron un premio estímulo por su trabajo en el campo de la física y la biología. Son doctores en su campo que trabajan “por amor a la ciencia”, dados los recursos limitados de que disponen.
Casi al mismo tiempo, desde EEUU acaba de informarse de una investigación que señala el uso de células de la piel para aliviar enfermedades que requieran regeneración, sin necesidad de apelar a los embriones humanos. El mundo, claro, aplaude. Lo interesante, más allá de la buena nueva, es saber que el trabajo se hace en equipos multinacionales —China y EEUU— y que a partir de ahora se multiplicarán las ayudas financieras.