Una Corte Suprema totalmente depurada eliminó ayer el último obstáculo para la reelección del presidente paquistaní Pervez Musharraf, despejando el camino para que pueda convertirse en líder civil tras ocho años al frente de un régimen militar.
Repleta de jueces obedientes desde que Musharraf impuso el estado de excepción hace casi tres semanas, la máxima instancia judicial se tomó sólo una hora para desestimar la última objeción legal a su victoria en las presidenciales del mes pasado.
Una vez la comisión electoral oficialice la victoria de Musharraf, una formalidad, se espera que el general abandone la jefatura del Ejército y sea investido presidente para otros cinco años.
“La demanda queda desestimada”, dictaminó el jefe de la Corte , Abdul Hamid Dogar.
Musharraf, que se hizo con el poder en un golpe de Estado incruento en 1999, está haciendo frente a intensas presiones internacionales, sobre todo de EEUU, para que levante el estado de excepción, deje el Ejército, libere a todos los presos políticos y garantice la limpieza de los comicios legislativos del 8 de enero.
La última reacción internacional al golpe de fuerza del líder paquistaní vino de la mancomunidad británica de Naciones, la Commonwealth, que ayer decidió suspender a Pakistán de su consejo de 53 miembros por no haber levantado el estado de excepción. Islamabad, AFP