Seguramente que he pecado de majadero con mis notas en La Razón alertando sobre el mal gobierno y sobre sus intenciones de perpetuarse en el poder. Pero no creo haberme equivocado en dos cosas: el Gobierno navega con la proa hundida en el mar; y ante el rotundo fracaso de la Constituyente, donde no se ha aprobado un solo artículo, parece que, sin nada que darle al pueblo, quieren inclinarse por el enfrentamiento.
Pensábamos que el Gobierno podría optar, ante su inoperancia y su rabia, por un Estado de Sitio, mas, al parecer, nos estamos quedando cortos. Lo que se propone es nomás un enfrentamiento armado. En dos palabras: guerra civil. Pero una cosa es hablar de una guerra civil como ha hecho entender el Vicepresidente con sus trabalenguas sofistas – ´tensionamiento de fuerzas´ –, y otra muy distinta es cargar el fusil al hombro y salir a matar. A mí que no me vengan con que los del MAS están dispuestos a dar tiros y ensangrentar el país por las idioteces que están haciendo en la Asamblea o porque el Gobierno, plagado de mediocres, no son capaces de aprovechar las ventajas que nos brinda la economía mundial.
S.E. se creyó muy poderoso con su 54 por ciento de votos el 2005, pero cuando la votación se desperdicia inútilmente sólo queda un cascarón. Un cascarón vacío que está a merced de ser aplastado por el primer pisotón. No va a ser la llamada ´derecha´ la que va a hacer trizas el cascarón, sino El Alto y los llamados ´movimientos sociales´. Porque parece que Evo Morales gobernara, pero no gobierna. Va temprano al Palacio, cuando todavía no ha amanecido, pero se sube a un helicóptero, inaugura algún polideportivo, reparte cheques, discursea durante horas, recibe ofrendas, baila, y regresa rendido.
¿Qué sucede entre tanto? ¿Lo saben los movimientos sociales y el MAS? Que ante un despacho vacío, ante la silla acéfala, no más de dos o tres personas gobiernan. Y aquellos son los que le cuentan a S.E. que las cosas marchan de maravilla mientras hacen y deshacen con un poder que no es suyo. Ignoramos si Evo Morales lo sabe o no. Pero les oye. Al final a S. E. lo que le gusta es ser Presidente, no gobernar. Le gusta el campo, no el Palacio. Le gustan las multitudes cocaleras, no el Gabinete donde se discuten números. Entonces los comodines sirven.
El general Barrientos tampoco pasaba mucho tiempo en el Palacio y se iba al campo para fortalecer el pacto militar-campesino. Era tan viajero como Evo Morales. Pero Barrientos gobernaba y mandaba desde el lugar en que estuviera. Y gobernaba con seguridad porque tenía un Gabinete que sabía de administración del Estado. En una reunión de Gabinete —¿hay reuniones de Gabinete ahora?— el general decidía lo que se debía hacer y lo aplicaba. Eso no sucede ahora.
Barrientos enfrentó conspiraciones, una guerrilla peligrosa, y salió airoso. ¿Qué amenazas tiene hoy S.E. para que sus colaboradores hablen de guerra civil? ¿No es algo infantil? ¿Creen que con someter a Sucre van a ganar la guerra? ¿Están con la mentalidad de hace más de un siglo atrás donde el oriente no contaba? La gente no quiere guerra. Lo que tiene es hambre. Se nota un pueblo pobre, sin convicciones ni para asistir a manifestaciones. Si los vemos en las calles es por el pan que reciben. ¿A ese pueblo van a armar para la guerra? Una cosa son los bloqueos y las vigilias y otra trenzarse a tiros. ¿Van a salir los alteños en busca de muertos en Sucre? Aunque el dinero de Chávez pueda movilizar gente, alojarlos, alimentarlos; aunque el Gobierno les siga pagando sus salarios sin trabajar, ¿van a marchar a un combate incierto? ¿Por Evo? No lo creemos.
El hundimiento de la Constituyente y el consecuente fracaso de la reelección de S.E. ha sido un golpe muy fuerte. La férrea y valiente posición de los prefectos y comités cívicos, ha sido otro frenazo. La capitalidad, aunque utópica, ha causado pavor. Y las autonomías ganadas en referéndum otro tanto. Y mejor no mencionar el desastre del gas. Ante eso, como último recurso, aparecen los leguaraces que hablan de guerra civil.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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