El papel de los líderes del país Los pueblos eligen y reeligen, si es posible, a los buenos líderes. Bolivia es mucho más que aquellos que se están odiando en este momento. Y los está evaluando para ver si les ha de dar nuevas oportunidades en el futuro.
El país ha ingresado en los últimos días a una etapa de previsibles desenlaces dramáticos, que todos los bolivianos miran con angustia. Las fuerzas políticas representadas en la Asamblea Constituyente siguieron rumbo a su objetivo sin ceder un solo milímetro en sus posiciones, que son radicalmente contrapuestas. Los líderes de ambos lados, el presidente Evo Morales y quienes dirigen la amplia gama que representa a la oposición, parecían decididos a llevar su confrontación hasta los últimos extremos, lo que finalmente sucedió en una violenta jornada en Sucre.
La ciudadanía, entretanto, miró con angustia este panorama, consciente de que las posiciones extremas podían desembocar en hechos violentos y terminar con la unidad del país.
Quizá sea oportuno recordar a los líderes del país que Bolivia es una nación surgida de la voluntad de sus regiones y que se ha consolidado en 182 años, integrando a todas sus partes.
Deberán tomar en cuenta los líderes que Bolivia seguirá existiendo cuando ellos hayan agotado sus ímpetus, del mismo modo que sobrevivió a situaciones incluso más dramáticas que la actual, con dirigentes aún más fieros que los de ahora.
Pero tendrán que incluir en sus cálculos políticos que las heridas que se hacen a la unidad nacional dejan cicatrices que luego los bolivianos deben aprender a superar para poder seguir viviendo juntos.
Bolivia conserva su democracia intacta desde 1982 y todavía ahora se rige por ella, aunque en las últimas horas han surgido voces de alerta sobre el peligro de que sea rota por los ímpetus de la discordia.
Las instituciones de la democracia boliviana han sido respetadas hasta ahora y los actores actuales tendrían que tomar en cuenta el riesgo que representa violar esas instituciones.
La ciudadanía ha mostrado, tanto con votos cuanto con respuestas a muchas encuestas, que ante todo prefiere la democracia, pero que aspira a soluciones concertadas y de larga duración.
Los bolivianos aborrecen las propuestas extremas y sobre todo las imposiciones. Por eso es que Bolivia puede preciarse de haber tenido, es cierto, muchos presidentes y mucha inestabilidad, pero nunca dictadores que duren mucho tiempo.
Los equilibrios sobre los que está asentada Bolivia son muy delicados, pero funcionan y han hecho de este país un territorio donde conviven diferencias culturales extremas. El equilibrio ha permitido que surja una complementariedad entre las regiones, una especialidad para cada lugar, todo dentro de una sociedad que avanza hacia la modernidad y el progreso.
Todo ese equilibrio tan delicado está ahora en riesgo, cuando los líderes políticos no muestran una clara voluntad para la concertación y el entendimiento entre partes. Será tan mala la imposición de uno de los criterios como la imposición del otro.
De este momento dramático deberá salir una Bolivia diferente, es cierto, pero unida. Y ello dependerá de la capacidad que tengan los líderes de llegar a acuerdos. Los pueblos eligen y reeligen, si es posible, a sus líderes cuando éstos son capaces de proponer soluciones inteligentes y no solamente confrontaciones y violencia. Bolivia es mucho más que los líderes que se están odiando en este momento. Y los está evaluando para ver si les ha de dar nuevas oportunidades en el futuro.