El pasado miércoles, el diario La Razón publicaba la foto espeluznante de un hombre corriendo como una antorcha ardiente. Era uno de los manifestantes contra no sé cual de los entuertos que el Gobierno no consigue resolver desde que se instaló en el poder y alentó movilizaciones que obedecen a las consignas oficiales y engordan a fuerza de amenazas de quitarle el puesto a unas vendedoras informales o de privar del bono Juancito Pinto a unos padres de familia, o cualquier otra arbitrariedad a la mano de los jefecillos del partido.
La mayor parte de los manifestantes obedecen gregariamente a los “cráneos” de la agitación quienes les obligan a paralizar a toda una ciudad, con los daños económicos consiguientes. Pero los más peligrosos agitadores son individuos violentos, ya sea por naturaleza o por órdenes superiores. Ellos disponen de las llantas viejas, de la gasolina para hacerlas arder y humear, así como de los palos que reparten entre los manifestantes con el fin de enfrentar a los policías. En La Paz, los policías, a su vez, sólo permiten ingresar a la plaza Murillo, a las milicias del Gobierno, tal como ocurrió el miércoles pasado. Diputados ni senadores suspendieron sus sesiones por amenazas de los manifestantes. En Sucre, calles y plazas fueron campos de batalla. La Asamblea Constituyente se dividió en dos. El país está que tiembla.
Pues en esas estamos, cuando el Vicepresidente, hace unos días, mostró su antiguo pero semioculto lado katarista, advirtiendo que estamos cerca de una “bifurcación” que hará historia. Alusión intencionadamente ambigua como para que sólo la entiendan “los que sabemos”. ¿Qué significados tiene la palabra “bifurcación”? De acuerdo al diccionario: “división en dos partes”, o también “cruce” de caminos. El Vicepresidente confirmó pues con suficiente claridad el hecho de la división ideológica del país que se manifiesta en brutales luchas callejeras como las de los últimos días en Sucre. En efecto, de un lado el Gobierno y sus milicias están decididos “hasta las últimas consecuencias, compañero c..., a imponer una Constitución que haga de
Bolivia un Estado Socialista Comunitario fundamentado en el marxismo-leninismo, emulsionado con el indigenismo precolombino. Que unos “ponchos rojos” armados con fusiles del ejército y valientemente encapuchados, degüellen a unos perros negros como un anuncio de lo que están dispuestos a hacer con los prefectos y oligarcas disidentes de este Gobierno, es una señal enternecedora... O, al revés de la medalla, lo que Linera nos anuncia es todo lo contrario de un moderno Estado Democrático y Social de Derecho, construido sobre unas instituciones sólidas y respetadas. ¿Qué opción prefiere el lector en esta bifurcación? Por su parte, los obispos lanzaron un toque de alarma. - ¡Otro! - en el que denuncian la “aberración de usar las necesidades y aspiraciones humanas” como “cálculo político, e instrumentalizar a grupos sociales como recursos de presión, más aún cuando estas medidas pueden conducir a lamentables enfrentamientos entre hermanos.” Sería muy difícil demostrar que el Gobierno desconocía las previsibles consecuencias de las manifestaciones que ha provocado. ¡Preocupante bifurcación!
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
Hay que educar al soberano
La escalofriante frase de Domingo Faustino Sarmiento, a la que aludí en una anterior columna, sigue golpeando la realidad: “Hay que educar al soberano; si no lo haces por justicia, hazlo aunque sea por miedo”.
Racismo
Racismo es una ideología relacionada con la superioridad de un grupo racial respecto a los demás y preconiza, en particular, la separación de estos grupos dentro de un país mediante la segregación e incluso la eliminación.
¡Aún es tiempo!
Vamos al grano, Bolivia tiene la oportunidad de resolver sus problemas económicos, sociales, étnicos e institucionales antes de cientos de muertos o después, porque éstos seguirán siendo los mismos.
¿Mejor o peor que antes?
Al acercarnos al segundo año de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), creo que cabe preguntarse si el país está mejor o peor de lo que estaba antes de la administración del MAS.
El huevo de la serpiente
El cambio como idea y como mito, el cambio como utopía y como fetiche. El cambio como fin último, como bandera ante el dolor, la frustración y la espera interminable.
Politización y superchería
Los que se oponen al cambio que ‘exige’ el pueblo, politizan todo lo que propone el Gobierno en ‘favor de la mayoría’, y empantanan la Asamblea Constituyente´.