Racismo es una ideología relacionada con la superioridad de un grupo racial respecto a los demás y preconiza, en particular, la separación de estos grupos dentro de un país mediante la segregación e incluso la eliminación.
Esa definición tan clara, transcrita del diccionario, debería ser estudiada y meditada por todos aquellos que, ante los problemas de la Constituyente, no vacilan en calificar de racistas a los chuquisaqueños que no hemos hecho otra cosa que exigir que se respeten las normas jurídicas y las leyes.
No son sólo las autoridades de gobierno las que han pretendido echar la culpa a Sucre del fracaso de la Asamblea, sino muchos ciudadanos especialmente paceños que, además, nos tildan de racistas asegurando que los asambleístas indígenas han sido escupidos y se han atrevido a afirmar que la propia presidenta, señora Silvia Lazarte, habría recibido ese mal trato y calificativos de ´chola ignorante´, debido a su condición de representante del pueblo y a su vestimenta de pollera.
Es evidente que, indebidamente por cierto, como han sido indebidos y censurables los excesos que se han cometido contra muchos asambleístas, se han emitido epítetos contra la señora Lazarte, pero no porque use pollera, sino por su incapacidad y actitud prepotente, malcriada e intransigente.
Lo mismo ha ocurrido con otros agredidos, uno de los cuales, seguramente el más damnificado, ha sido el asambleísta Raúl Prada y este señor no usa pollera ni poncho. Por tanto, es una demostración de que la vestimenta o la raza no han tenido nada que ver en el conflicto.
No es justo que Chuquisaca en general y Sucre en particular se conviertan en la mira del Gobierno y de los paceños. Lo de racistas no aceptamos, sencillamente porque estamos orgullosos de pertenecer a un país en el que los ponchos, las polleras y las corbatas conforman una misma sociedad, heterogénea quizá en vestimenta y costumbres, pero homogénea en derechos y obligaciones.
No es correcto que el Primer Mandatario de la Nación nos califique como colonia de Santa Cruz, por el hecho de que el presidente de su Comité Cívico haya visitado a su similar en Chuquisaca durante el conflicto por la capitalidad, porque además ha hecho lo mismo en otras regiones en busca de diálogo y de consenso. No ha habido invasión camba de tropas, ni ha habido instrucciones, que no hubiéramos aceptado, sino diálogo sobre problemas nacionales y regionales. No se puede prohibir el diálogo, sustento de la democracia.
Ojalá el señor Presidente, que tiene el derecho constitucional, legal y moral para terminar su mandato, porque además no hay líder de oposición que tenga la más remota posibilidad de sustituirlo, reflexione sobre estos temas recordando que en Chuquisaca ganó las elecciones y si está perdiendo esta plaza, no es por culpa de los chuquisaqueños y mucho menos del pregonado racismo.
*Gastón Solares es ciudadano boliviano.
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El cambio como idea y como mito, el cambio como utopía y como fetiche. El cambio como fin último, como bandera ante el dolor, la frustración y la espera interminable.
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