Al acercarnos al segundo año de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), creo que cabe preguntarse si el país está mejor o peor de lo que estaba antes de la administración del MAS. Seguramente, los sociólogos y los politólogos también efectuarán similares discusiones sobre este tema, obviamente, desde el punto de vista de su propia especialidad. Sin embargo, desde el ángulo económico, creo que, al analizar tan sólo algunos indicadores importantes, parecería que las cosas, definitivamente, no están mejor.
Por ejemplo, a pesar de las ´magníficas´ (con las disculpas de Manzoni) y extraordinarias condiciones del comercio internacional, la economía de Bolivia, verdaderamente, no ha mostrado un crecimiento importante en estos dos últimos años. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir, por ejemplo, que la tasa de crecimiento del 2006 fue casi igual a las del 2004 y 2005 (cuando el MAS no era gobierno) y a las del período 1992-1999 de los odiados gobiernos neoliberales, y que, posiblemente, la tasa del 2007 será muy inferior. El lector comprenderá que resulta imposible comparar las tasas actuales con las del período 1999-2003, debido a que, durante esos años, Bolivia y el resto de los países latinoamericanos estaban sumidos en la grave crisis asiática, que afectó a toda la economía mundial.
Obviamente, si la economía boliviana verdaderamente no pudo mostrar un crecimiento importante durante estos dos últimos años, a pesar de la maravillosa coyuntura internacional, también podemos concluir que ésta tampoco podrá mostrar la generación de ingresos y de empleo suficientes para atacar el grave problema de pobreza. Esto, contrariamente a lo que sucede en el Perú, donde los últimos dos gobiernos ´neoliberales´ han reducido significativamente la pobreza en más de 10 puntos porcentuales. De la misma manera, aunque el think tank gubernamental, UDAPE, muestra que el desempleo abierto (de las ciudades) ha disminuido algunas décimas porcentuales, otras entidades, como Cainco, que habrían efectuado mediciones similares, muestran que, en realidad, tampoco ha existido variación alguna.
Sin embargo, lo más grave de todo es que, si no hubiéramos tenido la bendita retórica de las ´nacionalizaciones´ —que lo único que hizo fue privarnos de la inversión externa, tan necesaria para el crecimiento de la economía— hace dos años que Bolivia ya habría negociando una ampliación de mercado con el Brasil para, por lo menos, duplicar nuestras exportaciones de gas a ese gran mercado. Por otra parte, también estaríamos cumpliendo con el contrato de venta de gas a la Argentina que, a la fecha, todavía se ve muy verde; habríamos abierto los mercados de Chile, Uruguay y Paraguay, y, para premio consuelo, también habríamos estado iniciando las exportaciones de LNG a México y EEUU, que los últimos gobiernos neoliberales no se animaron a firmar. Todo esto —repito— con los altísimos precios internacionales que se han más que triplicado en los últimos años.
Por otra parte, consecuencia de esta ociosa retórica nacionalista, Bolivia también ha disminuido su producción de hidrocarburos, que no sólo le impide cumplir con sus compromisos externos, sino que, en última instancia, también ha sometido a la población boliviana a una importante escasez de carburantes, paradójicamente, en un país donde los hidrocarburos y, sobre todo el gas, se consideran como un recurso natural abundante. Ojalá que el próximo acuerdo con Lula permita recuperar el tiempo perdido.
Por último y por las mismas razones que afectaron a los hidrocarburos, a excepción del zinc y el antimonio, la producción de los minerales bolivianos también ha disminuido significativamente, muy a pesar de los altos precios internacionales que los beneficiaron en los últimos años. Para colmo, lo propio también se ha suscitado con la producción agrícola del oriente boliviano, en gran parte, debido a la gran inseguridad jurídica sobre la tenencia de la tierra; circunstancia que, además, no ha hecho otra cosa que agravar la espiral inflacionaria que aqueja actualmente a la economía de Bolivia. Por último y no menos importante, creo que los bolivianos debemos recordar que, antes del gobierno del MAS, Bolivia no tenía inflación y, sin embargo, hoy sí la tiene.
Por lo tanto, si con la actual coyuntura internacional, Bolivia no está creciendo significativamente más y produciendo más hidrocarburos, minerales y productos agrícolas para aprovechar de los altos precios internacionales, la pregunta que debemos hacernos todos es: ¿quiénes son los responsables de todo esto?
*Juan L. Cariaga es economista y escritor.
Hay que educar al soberano
La escalofriante frase de Domingo Faustino Sarmiento, a la que aludí en una anterior columna, sigue golpeando la realidad: “Hay que educar al soberano; si no lo haces por justicia, hazlo aunque sea por miedo”.
Bifurcación preocupante
El pasado miércoles, el diario La Razón publicaba la foto espeluznante de un hombre corriendo como una antorcha ardiente.
Racismo
Racismo es una ideología relacionada con la superioridad de un grupo racial respecto a los demás y preconiza, en particular, la separación de estos grupos dentro de un país mediante la segregación e incluso la eliminación.
¡Aún es tiempo!
Vamos al grano, Bolivia tiene la oportunidad de resolver sus problemas económicos, sociales, étnicos e institucionales antes de cientos de muertos o después, porque éstos seguirán siendo los mismos.
El huevo de la serpiente
El cambio como idea y como mito, el cambio como utopía y como fetiche. El cambio como fin último, como bandera ante el dolor, la frustración y la espera interminable.
Politización y superchería
Los que se oponen al cambio que ‘exige’ el pueblo, politizan todo lo que propone el Gobierno en ‘favor de la mayoría’, y empantanan la Asamblea Constituyente´.