El whisky chumeño, el batido de huevo y la chicha son parte de las añejas tradiciones que se mantienen intactas en esta población paceña.
Texto y Fotos: Javier Badani Ruiz
Las máquinas de escribir no eran simples artefactos de oficina en la Chuma de los años 40..., eran oráculos. ´¿Cuánto va a costar mi defensa, doctor?´, interrogaba el campesino. ´Vamos a preguntarle a la máquina´, respondía ingenioso el defensor público. ´Sh, sh, sh, sh; sh, sh, sh, sh´, el teclado dictaba el veredicto al papel: 200 pesos, dos cerdos y una oveja.
Impulsados por el calor del ponche de orejón, un sinfín de recuerdos asaltan la abarrotada vivienda de la familia Campos. Es Todos Santos, asoma la medianoche y los pinquillos y bombos resuenan desde la distancia. Son los músicos del pueblo y de las comunidades campesinas que con su música y sus rezos visitan los hogares de las familias que perdieron algún ser querido en los últimos tres años.
Al igual que cada año, decenas de chumeños han regresado a su terruño para impulsar ésta y otras tradiciones que desde la Colonia perviven en estas tierras. Uno de ellos es Ángel Montecinos. Instalado en su cocina por casi 24 horas está dando vida al brebaje típico de Chuma: el resacado, más conocido como el ´whisky chumeño´.
La bebida es producida en un artesanal alambique donde se introduce singani —antes se usaba licor de caña— y agua. Dentro del envase se incorpora una pequeña olla que contiene anís, canela y otras especias que, impulsadas por el vapor, dan al resacado su sabor. La receta incluye una curiosa forma de medir el tiempo de cocción: un recipiente lleno de agua que se coloca encima del alambique y que debe evaporarse y ser llenado en cuatro ocasiones.
´Sincerador es el resacado. Las mujeres se lo dan a sus esposos para sacarles sus pecados´, comenta Montecinos, mientras degusta su creación mezclándola con una bebida de cola, es el ´chuma libre´.
Cuidado con tomarse de la mano
Considerada la población más progresista de la provincia Muñecas, de la cual es capital, pocos datos se conocen sobre los orígenes de Chuma. ´La fundación, historia y leyendas no están registradas ni documentadas´, lamenta Israel Vera Riveros. A pesar de ello, el anciano cuenta que esta población nació en la Colonia en medio de comarcas de quechuas y aymaras, culturas que antes de la Conquista ya se disputaron este territorio.
Así, ambas lenguas andinas se pueden oír en las calles de Chuma, aunque predomina el quechua, idioma que fue adoptado, tanto por los indígenas mollo como por las familias de los hacendados que hasta antes de la Reforma Agraria (1952) trabajaron esta fértil tierra que disfruta de un clima valluno.
De aquella época sólo quedan algunas maltrechas fachadas de estilo republicano. Las nuevas generaciones, que se educaron en las ciudades, han transformado el paisaje del pueblo con modernas edificaciones de hasta tres pisos que se levantan intimidantes en las estrechas calles que se muestran de tierra o empedradas. Por estas vías deambulan a diario los 400 habitantes del pueblo, número que se multiplica en las festividades como la de la patrona, la Virgen de la Asunta, cada 15 de agosto.
´Los hacendados se fueron (tras la Reforma) pero muchos dejaron descendencia con las campesinas que trabajaban en sus tierras. Ahora todos, pueblerinos y campesinos, somos parientes´, suelta Vera, quien recuerda que entonces a las jóvenes chumeñas sólo se las podía conquistar con románticas serenatas. ´Antes había mucho pudor. Ver una pareja de la mano era todo un escándalo y podía acabar en matrimonio´.
Las evocaciones de Vera se endulzan de pronto con un sorbo de batido chumeño. Infalible a la hora del desayuno, esta espesa bebida amarillenta es elaborada con azúcar, huevo, limón y, en muchos casos, unas gotitas de resacado.
´Antes era rico el batido, se hacía con huevo criollo. Pero llegó una enfermedad que mató a todas las gallinas´, dice Rosa Riveros (85), parapetada al lado del horno de barro que se alimenta de ramas de eucalipto. Allí, el batido mezclado con almidón de papa luqui (de la familia de la tunta) se transformará en esponjosos biscochuelos.
Estos tradicionales hornos de barro, que son comunes en toda la provincia, son alimentados con ramas de eucalipto; mientras tanto, las cocinillas funcionan con las ramas del chume, arbusto que se cree dio nombre a esta localidad.
¡Salud por la capitalidad!
Un incendio destruyó la iglesia de Chuma a inicios del siglo XX. Según narra la tradición oral, fueron los habitantes de la vecina Ayata —desconsolados por la pérdida de la capitalidad de la provincia, que pasó a Chuma en 1900— quienes habrían iniciado el siniestro. Lo cierto es que la rivalidad entre ambas poblaciones por la capitalidad se mantiene vigente aún hoy.
´La sede no se mueve´, exclama irónico Rodolfo Angles Aguilera, elevando al cielo un vaso de chicha chumeña, uno de los mayores orgullos de este personaje que sobrepasa el medio siglo de vida.
Jovial, Angles invita al patio de su vivienda para desnudar los secretos que atesora sobre el ancestral proceso de elaboración de esta bebida de maíz, producida por la cultura mollo antes de los incas.
La preparación es distinta a la de la chicha cochabambina y se inicia con el colocado del maíz remojado dentro de hojas de ucumari. Encima se ponen piedras buscando que se incremente el calor en el interior durante dos semanas. ´Raíces le salen, bien lindo. Luego se destapa, se seca el maíz por una semana, se lo machuca en batán y se mete en un turril para su cocido´, explica Angles con una paciencia digna de un profesor.
El fermentado final del preparado se inicia luego en una tinaja de barro por una semana, junto a cáscaras de mandarina o naranja.
Las melodías de los pinquillos silencian la afable voz de Angles. Al son de la cambraya —ritmo autóctono que se interpreta sólo en Todos Santos, un grupo de jóvenes atraviesa la calle rumbo a la vivienda de la familia Campos. Allí los esperan familiares y amigos de Mario, a quien despedirán este año de forma definitiva. La invitación para participar del rezo se hizo un día antes, a través de canastas llenas de masitas y frutas.
Las anécdotas de la Chuma de décadas pasadas callan. Un sentimiento de alegría parece invadir a los invitados. Después de todo, el alma visitante de Mario podrá comprobar que las tradiciones de su juventud permanecen intactas.
BRÚJULA
Su ubicación. Chuma se halla a 210 kilómetros de la ciudad de La Paz. Es la capital de la provincia Ildefonso de las Muñecas y se encuentra en los 2.700 metros de altitud sobre el nivel del mar.
Para llegar. Los lunes, martes, jueves y viernes un bus sale desde la cancha de El Tejar. El pasaje cuesta 25 bolivianos y el viaje dura unas ocho horas por la ruta Achacachi - Escoma - Ayata.