La Fulgoridae Laternaria habita los bosques húmedos de América. El insecto nocturno tiene una cornamenta que ha creado una leyenda.
Texto: Jorge Quispe Fotos: Miguel Carrasco
En el oriente boliviano se asegura que una mujer que es picada por una víbora voladora o víbora cucu, tiene que hacer el amor en las próximas 24 horas o, de lo contrario, perderá la vida.
Pese a esa fama y su aspecto de reptil, el insecto cuyo nombre científico es Fulgoridae Laternaria es un homóptero (“alas iguales”) inofensivo que habita en los bosques húmedos del continente americano. En Bolivia se puede encontrar tanto en las regiones de los Yungas como en el oriente.
“En la región del trópico paceño le tienen miedo y dicen que el árbol en el que se pose, morirá. Pero al igual que la leyenda del sexo, sólo son mitos, no hay nada de cierto en todo ello”, explica el biólogo Fernando Guerra Serrudo, de 44 años, 20 de los cuales ha dedicado al estudio de los animales.
La creencia del poder afrodisíaco del insecto se cae porque, a lo mucho, el contacto con él produce un pequeño edema. A inicios del siglo XX se lo llegó a catalogar como Fosfórea Laternaria, pero esta concepción fue descartada porque en realidad no emite luz.
En Centroamérica se la conoce también como la “mariposa caimán”, por el aspecto de su testa, similar a la de un reptil. Esa parte de su cuerpo posee abundantes motas de color amarillo, anaranjado, castaño, gris, negro y blanco. Además, tiene dos manchas que asemejan ojos y su forma es similar a la dentadura de un lagarto. Sin embargo, sólo es una cornamenta, pues su cabeza está más atrás.
La mirada que protege
Para protegerse, la víbora cucu posee dos grandes ojos falsos en las alas posteriores que, al extenderse cuando la molestan, alcanza a medir de 10 a 15 centímetros. Sin sus extremidades membranosas extendidas mide de seis a ocho.
Cuando es atrapada, estira sus alas de manera íntegra, exhibiendo los dos enormes ojos en sus alas como si fuera un búho. Su anatomía y color le ofrece un camufle que le permite pasar desapercibido ante sus rivales: aves, lagartijas, serpientes y murciélagos.
“Es parte de su sistema de defensa natural. Además, puede traquetear o tamboritear la cabeza contra el tronco de un árbol para ahuyentar a sus eventuales enemigos y luego salir volando para finalmente soltar un fétido olor”, sostiene el investigador.
Se ha documentado que al recolectar savia se asocia a algunos árboles para producir resinas o compuestos químicos tóxicos que al ser consumidos son acumulados dentro de su cuerpo; y cuando se siente amenazada por un depredador, libera estos químicos.
Los coleccionistas de animales exóticos también afectan su existencia, sin embargo, su población no corre riesgo todavía.
Sibarita de la savia
El insecto se alimenta de la savia de los árboles, pero su preferido es el zanthoxylum, el fresno espinoso. El animal se posa en la corteza, clava su aparato bucal, en forma de jeringa, y extrae el líquido. “No es predadora y menos ataca a otros insectos, sólo busca la savia para alimentarse. Se podría decir que es vegetariana”, refiere el científico asociado a la Colección Boliviana de la Fauna y a la Estación Biológica Tunquini.
En otros países americanos se alimenta además del jugo del árbol guapinol (Hymenaea courbaril), conocido como “el duro del mundo forestal” y el Simarouba amara o aceituno, los cuales, se presume, son algunas de las plantas hospederas de la víbora cucu.
El insecto descansa en el día y por la noche sale en busca de comida. “Generalmente cuando está volando, siempre es solitaria, pero cuando está reposando se la puede hallar en algunos grupos de siete y hasta ocho ejemplares”, describe Guerra Serrudo.
Esta especie habita debajo de los 2.000 metros sobre el nivel del mar. A más altura se extinguiría, porque no tendría la savia para vivir. Los meses en los que existe una mayor población de este insecto en Bolivia están entre mayo y junio, y diciembre y enero, cuando llueve y bajan las temperaturas.
Para el común de la gente, la víbora voladora o víbora cucu tiene el aspecto de mariposa, sin embargo no lo es. El insecto pertenece a la familia Fulgoridae y al orden homóptero, mientras que las mariposas son Lepidópteras (lepis = escamas y pteron = alas).
Además el aparato bucal de estas últimas es masticador, mientras el homóptero es picador y chupador desde que nace. Su ciclo biológico está formado por el huevo, la ninfa y la adulta. El de la mariposa, en cambio, pasa del huevo a oruga, a crisálida y a adulta.
Guerra Serrudo apunta que el estado larval del homóptero es parecido al adulto, pero no tiene aún las alas que le crecen poco a poco.
Los hembras de las Fulgoridaes Laternarias pueden tener de 20 a 30 crías y pueden vivir entre dos y tres años, revela el investigador.
Entre el humor y la malicia, provocada por su atemorizador aspecto de reptil, la víbora cucu se deja ver cada noche en los postes de luz en los Yungas y también en el oriente boliviano. Si se la molesta, es posible que pique, por lo que la víctima, habiendo leído esta nota, tendrá que escoger entre esperar a que pase la hinchazón o hacer caso a la leyenda, buscando con urgencia a una persona para hacerle el amor y no morir así en las próximas 24 horas.
EL MITO COLOMBIANO
La creencia de que su picadura es mortal y que la cura para tan terrible destino es hacer el amor en las próximas 24 horas, nació en Putumayo, Colombia, en la década de los 50 durante unas fiestas. En esa ocasión, dos periodistas que fueron enviados a cubrir el evento se atrasaron un día y, no teniendo nada que escribir, decidieron salir del apuro tratando de descubrir algo interesante. La suerte les llevó a una exposición artesanal donde se encontraba la Fulgoridae Homóptera, que nunca habían visto. Intrigados, le preguntaron al vendedor, quien les habló sobre la leyenda.
La historia fue publicada en un periódico y luego se desató una epidemia de picaduras, tanto así que se reportó el caso de un grupo de monjas que prefirieron morir antes de recurrir al tratamiento. Hoy se siguen oyendo historias con un toque de malicia y humor. www.miputumayo.com
LA CLASIFICACIÓN
El investigador Carlos Lineo descubrió a esta especie en 1758. Su clasificación científica es: Dominio: Eukaryota. Clase: Insecta. Filo: Arthropoda. Subfilo: Hexápoda. Suborden: Homóptera Infraorden: Fulgoromorpha. Familia: Fulgoridae. Especie: Laternaria.